viernes, 12 de junio de 2020

Novedades en nuestra biblioteca: Una nueva historia del Mundo Clásico


Este libro se centra en el mundo antiguo. Presenta la historia desplegada en orden cronológico, de los inicios y el desarrollo de dos sociedades antiguas y solapadas: la griega y la romana, que nos legaron la «civilización clásica». Coloca su inicio en el surgimiento del mundo micénico en el siglo XVI a. C. y sitúa su final en la irrupción del Islam en el mundo mediterráneo allá por la séptima centuria de nuestra era, aunque advierte que su legado logró perdurar y aun hoy nos influye.

Es un tratado de historia dirigida a lectores que alberguen cierto interés por el tema, aunque no estén muy familiarizados con las disciplinas vinculadas a la historia clásica. El autor intenta avanzar con amenidad y lo consigue. Su dominio del tema y su erudición es tal que no necesita ser demostrada a cada paso, por lo que aligera al lector de muchas referencias inútiles. Siguiendo una tradición verdaderamente clásica, intercala con frecuencia experiencias suyas, y también anécdotas sorprendentes del mundo clásico corroboradas por textos o por hallazgos arqueológicos. En fin, no faltan alusiones a Harry Potter o Juego de Tronos, verdaderas mitologías del hombre actual y que contribuyen a otorgar un aire desenfadado al libro.

Dada la amplitud del tema, el autor confiesa que ha realizado una selección despiadada para proporcionar un relato accesible del enorme caudal de historia antigua. La intención última del libro es proporcionar una formación histórica actualizada de las creaciones culturales de la Antigüedad clásica que se consideran relevantes, como las obras de arte, el teatro o los avances científicos por parte griega y las villas y ciudades del Imperio romano.

Una de las aportaciones de Tony Spawforth es la importancia que concede a la interacción creativa de griegos y romanos con pueblos vecinos. Estas relaciones, según su criterio, estimuló, en muchas ocasiones, la innovación cultural. Esto incluye las influencias orientales que subyacen en gran parte del florecimiento cultural de las primeras ciudades-estado y los intercambios culturales con los etruscos y los persas. Incluso durante las guerras entre griegos y persas a principios del siglo V a. C., las actitudes griegas ante los bárbaros eran más amplias de miras de lo que cabría esperar. De forma paralela, desde Iberia hasta la India y Asia Central, diversas sociedades acabaron adoptando aspectos destacados del estilo de vida griego, como su lengua. Este tipo de «difusión» de la civilización griega se produjo porque las propias comunidades «bárbaras» así lo eligieron. Los logros tecnológicos, la creatividad cultural propias de la antigua Grecia y, sobre todo, la originalidad de mucho de sus planteamientos debieron resultar muy atractivos para estos pueblos.

Pero la asimilación cultural más trascendental fue la que realizaron los romanos de la civilización helénica y a este proceso dedica el autor una especial atención. Los romanos conquistaron gran parte del mundo de habla griega y durante ese proceso, toparon con el núcleo de la civilización helénica. Y absorbieron, adoptaron y adaptaron lo que encontraron. De hecho, Los griegos antiguos, su forma de vida y sus tradiciones culturales se refugiaron tras los legionarios que custodiaban el Imperio romano, de tal forma que la antigua cultura griega ha llegado a nosotros gracias a la estima y la protección que le prestó Roma.

Otra cuestión en la que Spawforth se aparta de las síntesis tradicionales es la trascendencia que concede a las aportaciones más recientes de la investigación arqueológica. El autor se detiene con morosidad en hallazgos de objetos, interpretación de inscripciones, anécdotas aparentemente nimias y otros testimonios que no sólo aportan una luz nueva sobre la Antigüedad, sino que nos presentan a sus habitantes con las mismas inquietudes que hoy nos agitan. Puede reprocharse a este historiador su insistencia en modernizar a los antiguos, pero lo cierto es que lo eran.  La tecnología, las epidemias, el equilibrio con la naturaleza resultaban tan influyentes entonces como lo son ahora. La democracia ateniense no es, ni por asomo, comparable a la nuestra, pero algunos de sus comportamientos, señaladamente sus excesos y contradicciones, son perfectamente parangonables. La clasificación que realizó Aristóteles sobre los sistemas políticos sigue siendo hoy perfectamente válida.

La opinión que Spawforth tiene sobre el Mundo Clásico resulta, naturalmente, muy positiva y las alabanzas sobre sus logros arquitectónicos, literarios o bélicos se suceden continuamente. No obstante, el propio autor previene contra la visión de presentar a griegos y romanos como «civilizados» que se enfrentaron una y otra vez contra los bárbaros. También incide entre la incómoda contradicción entre su esplendor cultural y la opresión de la población, tolerada por el estado y ejercida de un modo u otro. En el libro no se ocultan la imposición de la esclavitud, la sucesión de guerras inútiles e interminables, el afán por la ostentación y otros aspectos que oscurecen el legado grecorromano, o que más bien, lo presentan en sus verdaderas proporciones.

Un proyecto tan necesario como ambicioso, necesariamente tiene que presentar algunas deficiencias. Añadamos que si el lector admira el mundo clásico encontrará, por fuerza, algunos enfoques que no son de su agrado. Si el libro parte con una actitud rompedora y libre de prejuicios, resulta natural que contribuya al debate sobre un mundo pasado, pero que dista de estar muerto.

Las objeciones que planteamos al discurso de Míster Spawforth son las siguientes:

-        La sintaxis deja mucho que desear y se encuentran aquí y allá fechas erróneas y frases que carecen totalmente de sentido. Suponemos que este defecto depende de la traducción y de la revisión de la edición. En España ambas suelen ser muy descuidada y además no se cuentan con especialistas, por lo que si las novelas pasadas del inglés a nuestra lengua hay que leerlas con reparos, los tratados técnicos o teóricos, como este libros, resultan a veces completamente incomprensibles. No sabemos, en cualquier caso, si achacar al autor o a la traductora, el confundir deliberadamente Grecia con la Hélade y llegar así a ese horror que es Grecidad.

-        El recurso continuado a las obras de J. K. Rowling o a George R. R. Martin puede resultar atractivos a los lectores actuales, como ya hemos mencionado. Pero no deja frío a quienes no hemos participado en el boom de esos libros y toda la parafernalia que les rodea. Por lo demás, y como bien sabemos los gestores de una biblioteca escolar, esos universos de ficción pronto pasarán de moda, si no lo han hecho ya y para los lectores del futuro se convertirán en referencias incomprensibles.  Señalemos que Spawforth ha actuado aquí de una forma muy poco clásica.

-        Iberia/Hispania apenas es mencionada. De acuerdo que nuestro país no desempeñó un papel destacado en la historia de la Hélade, pero difícilmente se puede entender como Roma se transformó en imperio sin tratar largo y tendido como se desarrolló la conquista de la península ibérica, la primera y la más complicada de las empresas coloniales romanas.

-        Una desatención similar se observa en el impacto del cristianismo en la cultura clásica, tema que el autor desarrolla de forma apresurada y con bastante desgana. De momento contamos con escasos testimonios arqueológicos y con muy pocas fuentes escritas más o menos objetivas en las que cimentar el ascenso de esta religión. Pero el caso es que ocurrió y cambió la historia del mundo. De un historiador tan vanguardista como Spawforth se esperaba un enfoque menos tibio. Si nadie duda que Roma se helenizó mientras conquistaba Grecia y Oriente, no es menos cierto que el cristianismo se paganizó mientras se enfrentaba a la cultura grecorromana y la religión olímpica. La pervivencia del legado clásico se debe al cristianismo, no a pesar de él.

-        Polémico resulta la acepción que hace de palabra «clásica», en el sentido de otorgar al legado de Grecia y Roma un respeto y una autoridad exagerada. Pero lo cierto es que se la merecen, entre otras razones por su contribución a la civilización occidental, cuyos mecanismos, no lo olvidemos, son imitados por el resto de civilizaciones del mundo. Spawforth suscita la réplica cuando atribuye esta sobrestimación de lo clásico al Renacimiento y otros períodos de la historia europea como la época Victoriana. Pero los helenos y los romanos invirtieron esfuerzos fabulosos en glorificarse. Los términos «arte» y «propaganda» son inseparables en todos sus testimonios desde las metopas del Partenón a los versos de Virgilio. El alto concepto que tenían de sí mismo griegos y romanos va a influir decisivamente en su sucesivo renacimiento. Pensar que el proceso ocurrió de forma contraria, supone obviar muchas evidencias.

-        El debate sobre lo «clásico» no acaba aquí. En la cultura europea se han venido dibujando dos visiones sobre él: la mediterránea, que valora la continuidad y que incide en una perspectiva vitalista de la antigüedad y otra, la anglosajona, caracterizada por la erudición, que la describe como algo congelado, desaparecido, lejano. Pese a sus perspectivas rompedoras, Spawforth nos parece más cercano a Edward Gibbon de lo que él estaría dispuesto a admitir.


jueves, 4 de junio de 2020

Novedades en nuestra biblioteca: El latido de la tierra



La escritora oscense Luz Gabás reflexiona sobre la España vaciada y el apego a la tierra en su cuarto libro, El latido de la tierra. Se trata de temas que tocan muy de cerca a la autora, ya que hace años decidió retirarse a vivir a Benasque, en las montañas del Pirineo aragonés, y considera que «hay una necesidad de mirar al pasado para comprender el presente», puesto que «hay que saber de dónde se viene para poder transmitirlo a tus hijos».

El latido de la tierra cuenta la historia de un lugar imaginario, Aquilare, un pueblo perdido en el Pirineo aragonés cuyos vecinos se vieron obligados a abandonarlo tras una expropiación forestal, quedando habitada solamente una casa situada en las afueras, la mansión Elegía. La primogénita de la familia, Alira, arrastra el compromiso moral de mantener vivo un legado de generaciones.

A duras penas está consiguiendo sobrevivir, pues los gastos son muchos y los ingresos pocos. Aceptar huéspedes y transformar la casona es una amalgama entre el hotel con encanto y la casa rural, parece la solución. Pero todo se trastorna con la desaparición de una de sus inquilinas y se complica aún más cuando, meses más tarde, aparece su cadáver en la bodega de la casa. El asesino tendría que, necesariamente, uno de ellos: uno de los habitantes de la casa o uno de sus visitantes.

La investigación de la inspectora de la Guardia Civil Esther Vargas sacará a la luz la verdadera naturaleza de los personajes y cambiará el mundo de Alira para siempre. La pesquisa sobre el crimen será el hilo conductor de una historia de amor otoñal que alterna el misterio con una honda reflexión sobre la tradición, la herencia, el amor a la tierra y el dolor por su pérdida.

«No es una novela negra», advierte la autora. Prefiere hablar de una ficción «multigénero, romántica, policíaca, rural, generacional e histórica y plagada de metáforas». Sin embargo, utiliza Gabás los elementos del género policíaco para retratar los problemas morales y sociales de los personajes. «Inseguridad, angustia y miedo son las palabras clave del libro, que como toda buena historia policíaca, trata de explicar la realidad de los protagonistas: un reducido grupo de amigos de la infancia que se reencuentran años después, con problemas no resueltos, con relaciones conflictivas que parecían olvidadas pero que no tardan en emerger.  Como la propia autora señala «El pasado nunca es inofensivo». 

Estas tribulaciones personales tienen como escenario el abandono y la desolación. La autora rememora la Ley de Repoblamiento Forestal de 1941 y que dejo vacíos a casi un centenar de pueblos oscense. Después vendrían los pantanos y el éxodo rural de aquella época conocida, tal vez de forma irónica, como el Desarrollismo. El final de la historia ya lo conocemos: Alemania, Francia o Suiza dejaron de ser la tierra de promisión y el apogeo industrial de Cataluña o la cornisa cantábrica se vino abajo con presteza. Pero los emigrantes nunca retornaron y quedaron vacías comarcas enteras.

La lectura de esta obra hace rememorar otros relatos sobre la despoblación y el abandono de la España rural, otras geografías ficticias sobre comarcas afantasmadas por la emigración, pero que en las que todavía perviven antiguos odios y rivalidades. Recordamos El disputado voto del Señor Cayo de Miguel Delibes, La lluvia amarilla de Julio Llamazares y la saga sobre Región de Juan Benet, señaladamente El Aire de un Crimen. También mencionaremos un hecho real, el llamado Crimen de Fago. Un asesinato presentado por los medios como si fuera una novela de misterio. De hecho, esta escenificación se hizo de forma tan concienzuda que ha inspirado libros y ha acabado por incorporarse a la memoria popular.

Y es que, a fin de cuentas, las aldeas están sacudidas por las mismas pasiones que las ciudades y las soledades de la despoblación más que apagar, parecen reavivar estas pulsiones, estos odios. Con agudeza, Luz Gabás señala que el verdadero declive, la verdadera decrepitud, no es el que agrietaba la casa solariega, sino el que hundía el ánimo de sus moradores.

Hasta ahora, en sus novelas la escritora describía generaciones anteriores a la suya. Según ha afirmado, ahora quería escribir sobre su tiempo y su vinculación con el mundo rural. Un mundo que queda retratado en la novela como decrépito, pero que todavía cuenta «con una puerta a la esperanza» simbolizada en esos okupas que intentan revivir Aquilare.




jueves, 28 de mayo de 2020

Novedades en nuestra biblioteca: Lo que cuentan los niños


Este libro reúne por primera vez dieciocho sorprendentes entrevistas que la escritora realizó a niños trabajadores en los años treinta en la ciudad de Madrid y en Ortigosa del Montes (Segovia), y que publicó por entregas en una sección denominada Un amigo en cada Sitio de la revista 'Gente Menuda',  suplemento infantil del diario ABC. Elena Fortún, auténtica animadora de este cuadernillo infantil, recurrió al heterónimo del conejito Roenueces para firmarlas. Para dar mayor verosimilitud contó con ayuda del dibujante Francisco López Rubio que diseñó al personaje y lo incluyó en las imágenes de los entrevistados en fotomontajes que van resultando cada vez más atrevidos.

Los entrevistados tienen entre 7 y 14 años y son un aprendiz de cajista, un monaguillo, un trompeta, un botones, un chófer, una modista, una castañera, un caramelero, un carpintero, un tabernero, dos traperos, un cartero rural… todos ellos cuentan su vida trabajando, y apoyando la economía familiar. Solo algunos podían compaginar sus trabajos con la escuela. Con estas entregas publicadas en una revista dirigida a un público de clase acomodada, la escritora quiso mostrar la otra realidad de la infancia trabajadora. De hecho, es tan notoria la diferencia de clase que prevé Fortún que muchas veces aclara determinadas cuestiones porque sabe que los niños de clases acomodadas no van a entenderlas.

Lo que cuentan los niños en este libro son sus propias experiencias laborales. Sus palabras rompen con un secular silencio, más duradero incluso que el soportado por las mujeres. Sólo en años muy recientes se ha dado a conocer, con datos cuantitativos, la importancia del trabajo de niños y mujeres en el mantenimiento de las economías familiares de subsistencia. En el caso español siguió siendo así, en muchas ocupaciones, hasta mediados del siglo XX. Sin ser socióloga ni antropóloga, Elena Fortún indaga realidades muy distintas a las de sus acomodados lectores, para dárselas luego a conocer, deseosa de traspasar las enraizadas fronteras sociales de la época.

Estas entrevistas a niños trabajadores, constituyen sin duda una iniciativa pionera, pues raras veces se concedió a los menores tal protagonismo. Fortún nos ha dejado una valiosa aportación, insólita, a la historia de la infancia trabajadora. Animados por el afecto y empatía de la entrevistadora, los niños, al principio tímidos, terminan por ser comunicativos. Las notas de humor con que Elena Fortún acoge algunas de las respuestas no ensombrecen su mirada cercana y compasiva, conmovida no tanto por las rigurosas vidas de sus entrevistados, sino por las actitudes responsables y maduras que exteriorizan.

Artículo tras artículo, se va entreviendo el Madrid más social, más castizo y más popular de la época. La autora retrata unos barrios populares en el que las formas de ocio juvenil son el cine, los toros, el fútbol y las novelas de kiosco. Un Madrid en el que todavía se juega al hinca-palo, a las bolas, al peón, al chito... La autora también capta el léxico y los códigos de humor de la gente joven de la época, desde la chulería de la modistilla al espabilado desenfado de la castañera.

Como es norma en las ediciones de Renacimiento, el libro viene acompañado de un cuidado prólogo y de una extensa introducción. El primero corre a cargo de María Jesús Fraga, especialista en Elena Fortún, y está concebido como una presentación de la obra, relatando su génesis y resaltando el compromiso social de la autora como portavoz y defensora del niño.

La introducción, escrita por el experto en historia de la infancia, José María Borrás, presenta tal mérito, que bien podría editarse como obra aparte. Para todos los que nos dedicamos a la enseñanza debía ser de lectura obligada. Incluida en este volumen, revaloriza las entrevistas de Elena Fortún, al dotarla de contexto.  En este estudio se aporta información censal, legislación sobre el empleo de menores, negociaciones obreras, la evolución de la oferta y demanda escolares… La escuela comenzaba a perfilarse «como herramienta de movilidad socioprofesional» pero faltaban maestros, locales, inspecciones, plazas escolares. El abandono de las aulas seguía marcado por las necesidades familiares, que reclamaban la ayuda y contribución económica de los mayores de diez años. Como bien se explica, el trabajo de los menores iba disminuyendo sin llegar a desaparecer, «un hecho social extendido, imposible de medir». Además, este retroceso no se debía tanto a la labor de la legislación laboral, ni la presión obrera, sino a la creciente mecanización y a la necesidad de contar con un personal laboral más cualificado.

Elena Fortún en esta obra nos ha dejado las voces de niños que entregaban a sus madres lo ganado en el trabajo, voces de una infancia en la que se generaban más deberes que derechos y demandas. Voces no muy diferentes de las que se siguen oyéndose en muchos lugares de nuestro planeta.


Joaquín Ortega, aprendiz de cajista


Carlos Vivar, monaguillo


Miguel Neupauvert, trompeta de plaza



Carmen López, modistilla (aprendiza en una casa de moda)


Julio Llanos, aprendiz de cocinero


Jesús García, caramelero.


Emilio Pascual, carpintero.

jueves, 21 de mayo de 2020

Novedades en nuestra biblioteca: La Luz de Estoril


Esta obra no quedó en el limbo de la catalogación por poco, pues ingresó en nuestra biblioteca poco antes de que se decretara el cierre de Centros Educativo y el obligado confinamiento. Ese fatídico viernes 13 sorprendió a este libro en la estantería de novedades, cuando todavía no habíamos redactado en este blog la reseña de su ingreso. Hoy, por fin, podemos cumplir con el rito de presentarlo en sociedad.

Una vez más, la editorial Renacimiento realiza una reedición necesaria de una novela que ya solo circulaba por las librerías de viejo. Por el testimonio del autor, Aquilino Duque, sabemos que, allá por 1989, la obra inició su andadura como encargo de la Editorial Planeta sobre la figura de Don Juan de Borbón. Como no podía ser menos en un escritor acostumbrado a las máscaras y los laberintos, lo cierto es que la egregia figura del Borbón que pudo reinar desempeña un papel crucial en la trama, pero su persona nunca llega a entrar en escena. Es más, permanece completamente ajeno a la espesa telaraña que se traza en torno suya.

Habría que esperar al 2003, y esta vez el encargo corrió a cargo de Ediciones B. para que Aquilino escribiera finalmente sobre Don Juan de Borbón en colaboración con José María Zavala. La parte de la obra escrita por nuestro autor ha sido reeditada también por Renacimiento en el 2016 bajo el título de Una Cruz y Cinco Lanzas, acompañando ahora a la biografía de Marcelino Menéndez y Pelayo.

Visto que al final Planeta no pudo lanzarla como biografía/ficción sobre el Dinasta, la presentó como «Una visión brillante y esperpéntica de la aristocracia andaluza desde principios de siglo hasta la posguerra.» Y es que si hubiera que buscar a los verdaderos protagonistas de la novela, o más bien quienes llevan el hilo conductor en el entramado de personajes, serían el joven marqués de Aznalgarbe, Calixto José Zaframagón y su omnipotente madre, Chinuca.

Si el propio autor califica a esta obra de «tablado de marionetas» pues no vamos a negar su naturaleza de farsa, ni tampoco la caracterización grotesca de sus personajes ni considerar como otra cosa las disparatadas invenciones que la pueblan. Pero, como sucede en otras tantas muestras de la literatura hispana, este Callejón del Gato no es sino el reflejo lúcido de un mundo sin sentido. Hablo de una aristocracia excéntrica, anclada en el tiempo y dedicada a una labor tan singular como la crianza del toro de lidia. La inevitable modernización, es a fin de cuentas el primer tercio del siglo XX, se ve forzada a convivir con estos invariantes, como ese Hispano-Suiza que se suma a la colección de carruajes del marqués, esos intentos de Calixto José y de su hijo putativo de titularse en Deusto o las pretensiones de Chinuca de visitar a Doña Victoria Eugenia en Lausana. A no dudar, el escritor ha pasado al relato sus vivencias con servidores y aristócratas y ha dado nueva vida a un caudal de anécdotas que atesoraba sobre esos colectivos. Como en el resto de sus libros, Aquilino demuestra un conocimiento más que cumplido de los mundos que retrata.

El escritor, que narró la Guerra Civil con una concisión trágica en el Mono Azul y recurrió al engaño y la intriga para los años de la Posguerra en Mascaras Furtivas, reserva el humor y la astracanada para los años del primer franquismo en La Luz de Estoril. Verdad es que por sus páginas recorremos también los últimos años de Alfonso XIII, las tribulaciones de la Segunda República, los horrores y las incongruencias de la Guerra Civil, pero es ese tiempo en el que la dictadura se asienta en España al compás de la Segunda Guerra Mundial, al que dedica particular atención.

Algunos tildarán a Duque de gran fabulador, pero otros (entre los que nos incluimos) afirmarán que bajo el exceso y el disparate el autor rememora las tramas que conoció como diplomático, operaciones de las que no se puede hablar y que si de dejan por escrito ha de ser bajo la apariencia de sueños y fábulas. La posibilidad de una intervención británica en nuestro suelo aprovechando la caída del Tercer Reich y el consiguiente descrédito de Franco, las extrañas relaciones del dictador con su hermano Nicolás, embajador en Portugal o las conspiraciones que se tejen en torno a Estoril, lugar de residencia de Don Juan son parte importante de unos años decisivos para el Franquismo y este libro debiera ser examinado con lupa por los historiadores y los interesados en un periodo que suele pasar inadvertido.

Aquilino Duque que une al conocimiento de la situación, el detallismo en la descripción, resulta, realmente un poeta de la no-existencia, un cantor de la nada. A fin de cuentas ese Estoril que ilumina todo el relato es un no-lugar, pues el exilio, es por definición, la ausencia del sitio. Pero ese apelativo también lo merecen las embajadas y consulados, sobre todo cuando se transforman en refugio en tiempos de guerra. Por extensión, los prostíbulos y los hoteles entran dentro de esa misma categoría, pues se configuran como lo contrario al hogar, como los albergues del anonimato. Las fincas campestres de los aristócratas acaudalados inician su existencia como paraísos, hogares arcaicos y solares de linajes, pero rápidamente se transforman en cotos, ciudades-prohibidas, exilios voluntarios de la vida urbana. Todos estos escenarios aparecen en la Luz de Estoril y en otras muchas obras del escritor, lugares en los que, como la zorra de la fábula, los hombres se prueban máscaras y reflexionan sobre la condición humana.

Estas contradicciones, las de nuestra naturaleza, son relatadas en esta novela con humor y con amenidad. Entre súbitas carcajadas, el lector avanza con un apresuramiento facilitado por la brevedad de los capítulos y llega al final antes de que se cumplieran las previsiones y con la sospecha de que la obra merecía una interpretación más atenta.

Nuestra ciudad, Écija, forma parte de un episodio y son librados del olvido los faetones ecijanos. De forma también secundaria nuestra urbe forma parte de la trama de El Mono Azul. Claro está que nos gustaría que Aquilino nos prestara más atención, pero si algo hemos aprendido en esta novela es que ni en la vida ni en los proyectos políticos de los hombres existen diferencias entre lo tangencial y lo relevante.

lunes, 18 de mayo de 2020

La Reapertura del Vélez





En este lunes, han sido los Centros Educativos de nuestra región los que han abierto sus puertas. De momento los servicios que ofrecen son mínimos –facilitar la matriculación de los alumnos que no han podido realizarlo de forma telemática, solventar las dudas que surgen en la inscripción-, pero no podemos pasar por alto una fecha en la que se ha dado el paso decisivo.

Hoy concluyen dos meses de clausura, sesenta días de oscuridad que sobrevivieron con una precipitación que nadie esperaba. Hoy iniciamos el proceso de retorno, proceso que llevará su tiempo, proceso que, tal vez, no nos devuelva el mundo que teníamos, sino un orden nuevo. En cualquier caso, aprovechemos el tiempo de espera para paladear las libertades que vamos recuperando, para valorar como regalos todo lo que ahora vuelve tras quedar en suspenso.

Tras esos sesenta días de clases vacías y patios solitarios en los que comenzaba a pujar el amarillo jaramago, vino, en este pasado fin de semana, el proceso de desinfección. Se ha hecho público un vídeo del mismo, en el que las nubes de ozono parecían invadirlo todo. Parecía que el Centro emergiese de las brumas. Fue un nuevo comienzo majestuoso, preñado de promesas.

En esta etapa como de pioneros o colonos nos encontramos. Entre incertidumbres, pero palpando esperanzas cercanas. No podemos precisar cuándo podremos anunciar la reapertura de nuestra biblioteca. Tal vez pueda ser el mes de viene, tal vez haya que posponerlo al curso que viene. Sólo una evidencia está clara, pero nos basta: hoy empieza todo.

lunes, 11 de mayo de 2020

La Reapertura de la Biblioteca Municipal




Hoy, a las nueve de la mañana exactas, reabrió sus puertas nuestra biblioteca municipal. De momento sus servicios se limitan al préstamo y devolución de libros, actividad que ya han venido desarrollando a domicilio durante la cuarentena, por cierto.

Efectivamente, el 16 de abril se dio a conocer este servicio que contó con la colaboración inestimable de voluntarios de protección civil. Los primeros libros se repartieron el día 20 del mismo mes. 

Las obras que en esos días se han cedido en préstamo no han podido retornar a la biblioteca hasta hoy, primer día en que se ha modificado el estado de alarma. Pero las prevenciones siguen vigentes: los libros devueltos se entregarán cubiertos por bolsas de autocierre y permanecerán catorce días aislados, al término de los cuales se reintegrarán al servicio de préstamo o descansarán en las estanterías hasta que el lector lo solicite.

Se han habilitado otras medidas de distanciamiento físico y medidas de seguridad, incluida la mampara de atención al público y la inevitable desinfección.

En fin, entre estas y otras barreras, desde el mostrador de la biblioteca el lector puede contemplar como, un paraíso vedado, la sala de lectura que se divisa al fondo. Si todos cumplimos las normas, más pronto que tarde podremos acceder. De momento el paso que hoy se ha dado, es un gran adelanto.

martes, 5 de mayo de 2020

Novedades en nuestra biblioteca: Diccionario del Franquismo de Manuel Vázquez Montalbán



Iniciamos nuestras reseñas sobre los libros que han quedado en el limbo de la catalogación con esta singular obra, una de las últimas adquisiciones de nuestro establecimiento, pues fue adquirido el miércoles 11 de marzo, el último día en que reinó la normalidad en nuestra región.

Este librito fue escrito por Manuel Vázquez Montalbán en 1977 y hemos tenido que esperar hasta el 2019 para una nueva edición, que es la que manejamos, publicada por Anagrama. En estos cuarenta y dos años la obra no ha perdido nada de su frescura. Esta es la primera sorpresa a la que llega el lector

La segunda sorpresa que nos llevamos es comprobar que sólo dos años después de la muerte del caudillo, la dictadura está descrita en toda su amplitud y como si se tratase de un pasado remoto. Y lo cierto es que lo era. No sólo porque en ese bienio España había cambiado por completo, sino porque el franquismo ya llevaba mucho tiempo fosilizado, perdido en su pasado, muerto, en pocas palabras, cuando se llegó el noviembre de 1975.


   El tercer motivo de asombro es el rigor. Podría esperarse un ajuste de cuentas, una relación de filias y fobias, un merecido desahogo de un escritor que conoció los rigores y los desaciertos de la dictadura desde el mismo momento de su nacimiento. Pero lo cierto es que resulta exacto, conciso y veraz como corresponde al buen historiador. La amenidad preside cada una de las entradas, desde la A de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas hasta la V de Marqués de Villaverde, pero el autor nunca renuncia a una precisión intolerable. Por el amplio conocimiento de todos los aspectos de la dictadura y por la sencillez con lo que está explicada, esta obra ha sido recomendada para el alumno de cuarto de secundaria y de bachillerato.

La crítica ha calificado a este diccionario de "mordaz". No creemos que sea para tanto. Es cierto que una leve ironía recorre esta crónica de aquella etapa desdichada, pero el autor no pretende llegar a más. Realmente, para ridiculizar al franquismo, no hace falta más que describirlo con todo detalle. Y en esta labor de derribo ningún argumento mejor que anotar los epítetos y lemas altisonantes que rodeaban la figura del caudillo, tales como "Adhesión inquebrantable", "Espada más limpia de Occidente" o "Franco, Franco, Franco".

La edición actual se acompaña de una serie de delirantes ilustraciones a doble página debidas al inspirado dibujante Miguel Brieva. Ningún género más adecuado que el esperpento para traducir en imágenes la dictadura franquista, un régimen que, sorprendentemente, tuvo mucho de onírico, comenzando por la serie de grabados de Picasso Sueño y Mentira de Franco y siguiendo por las obras del Dalí defensor de este estado de cosas, por los aires delirantes de los proyectos arquitectónicos de Luis Moya o de esa montaña hueca que es el Valle de los Caídos y por ese cine impregnado de soledades de pesadilla desde Surcos a El Espíritu de la Colmena.

Brieva ilustra las calles sombrías del estraperlo, la tentación de la entrevista de Hendaya, el año del Concordato y las Bases americanas… pero también plasma preocupaciones presentes: la continuidad lampedusiana entre aquel régimen y nuestra democracia, los peligros de trivializar el franquismo, el riesgo de desembocar en otra dictadura si no se garantiza la libertad de información… Sus composiciones actúan como reclamo eficaz para este diccionario sin complejos, este prontuario inmarchitable, esta vibrante noticia de un imperio.



miércoles, 22 de abril de 2020

El Día del Libro del Año 2020




En esta ocasión no vamos a poder conmemorar el 23 de abril con nuestro reportaje de la actividad de la lectura silenciosa. Como ya sabrán, el Instituto interrumpió su actividad lectiva el pasado viernes 13 de marzo y, desde entonces, continua cerrado.

Aquel viernes, ciertamente, no sabíamos que el cese de la actividad presencial y docente se iba a prolongar durante tanto tiempo. Recordamos que aquella jornada transcurrió con cierta normalidad. La asistencia de los alumnos a las clases y a la biblioteca, en horario de recreo, fue la habitual y no se advirtió ningún apresuramiento en el servicio de entrega y de préstamo de libros. Las dos últimas incorporaciones: La Hija de Vercingétorix (el último Astérix publicado) y Una nueva historia del Mundo Clásico de Tony Spawforth esperaban ser registradas y forradas para incorporarse a la estantería de novedades. En fin, en el tablón de anuncios, todavía lucían las fotografías y las revistas de nuestro homenaje sobre Ana María Custodio.

A última hora, no obstante, cuando comenzábamos a percibir la gravedad de la situación, algunos profesores hicimos acopio de libros ante la inminente clausura de nuestra biblioteca. Recordemos que ya para entonces las bibliotecas públicas andaluzas habían anunciado su cierre.

Los caminos habituales para los amantes de los libros quedaban, pues, en suspenso. Pero, como hemos señalado, alumnos y profesores contábamos ya con los libros del préstamo. Nos esperaban, además, en nuestras casas las colecciones personales, más o menos pobladas, para abordar la lectura de ese volumen que siempre postergábamos o releer aquella novela que, en tiempos, tanto nos deleitó. Podíamos gozar, igualmente, de la extensísima oferta de libros en pdf en internet y en otros formatos, oferta que además se ha incrementado para satisfacer la demanda de estos tiempos. Y para los más impacientes y amantes de novedades, el servicio de mensajería siguió funcionando, al igual que casi todas las librerías en la web.

Y es que las épocas de soledad e incertidumbres si para algo sirven son para leer. Con frecuencia se exalta el poder de los libros para evadirnos y aislarnos de la realidad, argumento además muy explotado en las actividades de animación lectora. Pero las obras literarias también resultan útiles para comprender las zozobras de cada momento e, incluso, para adentrarse en la oscuridad y la desesperación. Y en todas las obras, en cualquier género, siempre puede encontrarse una historia que parece escrita precisamente para nosotros, una lección de vida, un ejemplo de superación. Los libros se empeñan en perdurar no por lo que cuentan, sino por lo que aportan.

El confinamiento, pues, no ha acabado con nuestras actividades de animación lectora. Continúan, con otro ritmo y en otros escenarios. Si hemos enseñado a disfrutar con los libros, podemos entre ternos con cualquier publicación y en cualquier parte.

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 La ilustración procede de la colección de flickr de Capt Truffles [Christian Hopkins]:



lunes, 9 de marzo de 2020

Homenaje a Ana María Custodio




En esta ocasión la Biblioteca «Nulla Dies Sine Linea» celebra el Día Internacional de la Mujer con un homenaje a la actriz ecijana Ana María Custodio (1902 -1976). El título de exposición le viene muy largo a las escasas fotografías y revistas de la época que hemos conseguido reunir, pero que son buen exponente de la celebridad y del talento de una ecijana que, a no dudar, ejemplifica los valores que conmemoramos el ocho de marzo.

Ana María Muñoz Custodio nació en Écija en 1902 en la casa n.º 10 de la Calle Comedias, inmediata a la llamada Casa de Comedias, teatro que entonces se llamaba Teatro Custodio, pues pertenecía a la familia materna de Ana María.

 Estas circunstancias explican el temprano desarrollo de su carrera teatral, y el de su hermano Álvaro, que llegó a ser guionista y director teatral. Ambos prescindieron del «Muñoz», adoptando el Custodio como nombre artístico. Ana María, además, con coquetería de gran diva, retrasó su año de nacimiento a 1908, pero los archivos de la parroquia de San Juan son muy contundentes.

Este desfase temporal complica la cronología de su vida. En cualquier caso, y, como queda dicho,  inició su carrera teatral con prontitud. Trabajó con varias compañías que le llearon de gira por toda España y hasta hacer las Américas. Representó obras de Edgar Neville, quien la convirtió en su musa y de los hermanos Álvarez Quintero, que la transformaron en una estrella. Era entonces considerada la mujer más bella de España. En estos años contrajo su primer matrimonio con Antonio Monfort Alonso.

 En 1931 vuelve al continente americano, nada menos que como actriz de cine contratada por la Fox Film Corporation para actuar en Hollywood, donde rueda cuatro filmes.  Formaba parte de un grupo de actores españoles, entre ellos Imperio Argentina, contratados para realizar una serie de spanish versión, copias en español de producciones cinematográficas de la meca del cine.

Lo cierto es que la aventura no funcionó y la comitiva de actores regresó a España cuando finalizó el contrato de seis meses. Ana María reanudó su carrera teatral, pero acabó pasándose, y de forma definitiva, al séptimo arte, realizando varias películas con Buñuel. Aprovechando la legislación republicana, se divorció. Contrajo un segundo matrimonio con el compositor Gustavo Pittaluga González del Castillo.

Don Quintín el Amargao, Centinela alerta o El Bailarín y el Trabajador son algunos de los títulos de filmes que la transformaron en un icono del cine de la Segunda República y en la estrella principal de la productora Filmófono. Siguió rodando películas después del estallido de la Guerra Civil y asistió a sus estrenos en una Gran Vía sobre la que llovían la metralla y los obuses.

Vinieron después los largos años del exilio. Como no podía ser menos para una actriz de renombre, fue la mítica Casablanca, allá por 1944, el inicio de un periplo que llevó a la actriz, a su marido y a su hermano Álvaro por Cuba, Estados Unidos y México, donde rodó alguna película.

 Aunque en España se la intentó dar por muerta y algunas de sus películas se prohibieron, consiguió volver a la patria al inicio de los cincuenta, junto a su marido Gustavo (pero no su hermano, que permaneció en México). En nuestro suelo demostró su versatilidad como actriz, participado en numerosas y taquilleras películas como ilustre secundaria. Fueron compañeros de rodaje Vicente Parra, Sara Montiel y una emergente Marisol, entre otros muchos.

La fulgurante carrera de actriz de Ana María Custodio es la faceta más sobresaliente de una mujer singular. Era políglota, traductora, periodista, ferviente republicana. Participó en experimentos vanguardistas con Buñuel y Pedro Garfías. Se divorció y se volvió a casar. Fue todo lo que las mujeres de su época no podían ser.

La que fue la más bella de la época, fue también una mujer llena de talentos, de ganas de vivir, de ansias de emancipación. Con su vida aventurera se podría realizar una película, pero su historia es la de tantas españolas adelantadas de la época que vivieron -y sufrieron- los vaivenes de la libertad y de la civilización, las contradicciones de la república, las amarguras del exilio.

Ana María Custodio murió en Madrid en 1976, un año más tarde que su marido. Ambos fueron sepultados en el Cementerio Civil de Madrid. Recordemos que los cementerios civiles eran el destino habitual para las tumbas de los actores, los librepensadores, las personas que vivieron al margen de la moralidad de la España de toda la vida. Como último detalle de la gran dama que fue siempre, ocultó su fecha de nacimiento en la lápida.

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miércoles, 4 de marzo de 2020

Andalucía en Letras




Para preparar a nuestros alumnos para el día de Andalucía los departamentos de Lengua y Literatura y Educación Plástica han desarrollado la actividad de Andalucía en Letras dirigida a los alumnos de Secundaria. Nuestros escolares han elegido a escritores y escritoras representativos de nuestra tierra y han realizado un breve trabajo con formato de folleto en el que figurase la biografía, las obras y un fragmento literario del autor escogido (o autora escogida). Los distintos cursos han colocado sus trabajos sobre un gran mapa de nuestra comunidad colocado en el pasillo principal y en el que ya figuraban las imágenes de nuestros autores en su lugar de nacimiento. El resultado viene a ser como un mapa interactivo que muestra lo enorme y variado de nuestro patrimonio literario y cultural, una herencia en el que las mujeres dejaron una huella importante, como nuestros alumnos han descubierto.

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