martes, 25 de diciembre de 2018

El Primer Milagro, Cuento de Navidad de Azorín




 La tarde va declinando; se filtran los postreros destellos de sol por el angosto ventanito del sótano. Todo está en silencio. Las manos del anciano van removiendo, como si fuera una blanda masa, el montón de monedas de oro, relucientes, que está sobre la mesa. El anciano tiene una larga barba entrecana; los ojos aparecen hundidos. Los últimos fulgores del sol van desapareciendo; por el tragaluz ya sólo se escurre una débil y difusa claridad. Las monedas vuelven a la recia y sólida arca. El anciano cierra la puerta con un cerrojo, con dos, con una armella, con unas barras de hierro, y luego asciende, lento, por la angosta escalerita. Ya está en la casa. La casa se levanta en un extremo del pueblo; se halla rodeada de extenso vergel, y tiene, a un lado, una accesoria para labriegos y servidumbre. El anciano camina lentamente por la casa; su índica –el de la mano derecha- pasa y repta sobre la curvada nariz. Al pasar por un corredor ha visto el viejo una puerta abierta; esta puerta ha mandado él que esté siempre cerrada. Se detiene un momento el viejo; da una voz de pronto; le enardece la cólera; acude un criado; el viejo impropera al criado, se acerca a él, le grita en su propia cara. Tiembla el pobre servidor, y prorrumpe en palabras de excusa. Y el viejecito de la barba larga prosigue su camino. De pronto se detiene otra vez; ha visto sobre un mueble unas migajas de pan. La cosa es insólita. No puede creer el anciano lo que ven sus ojos. Llegarán, por este camino, a dispersar, destruir su hacienda. Han estado aquí, sin duda, comiendo pan -pan salido, indudablemente, de la despensa-, y han dejado caer unas migajas. Y ahora su cólera es terrible. La casa se hunde a gritos; la mujer del viejo, los hijos, los criados, todos, todos, le rodean suspensos, temblorosos, mohinos, tristes. Y el viejo prosigue con sus gritos, con sus denuestos, con sus improperios, con sus injurias.

 La hora de cenar ha llegado. Antes ha conversado el anciano con los cachicanes que llegan todas las noches de las heredades cercanas. Todos han de darle cuenta- cuenta menudísima, detallada- de la jornada diaria. No puede acostarse ningún día el viejo sin que sepa, concretamente, en qué se ha gastado el más pequeño dinero y qué es lo que han hecho, minuto por minuto, todos sus servidores. La relación de los labrantines se desliza entreverada por los gritos y denuestos del anciano. Y todos sienten ante él un profundo pavor.

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 El pastor se ha retrasado un poco esta noche. El pastor regresa de los prados próximos al pueblo, todas las noches, poco antes de sentarse a la mesa el anciano. El pastor apacienta una punta de cabras y un hatillo de carneros. Cuando llega, después de la jornada, por la noche, encierra su ganado en una corraliza del huerto y se presenta al amo para dar cuenta de la jornada del día. El anciano, un poco impaciente, se ha sentado a la mesa. Le intriga la tardanza del pastor. La cosa es verdaderamente extraña. A un criado que tarda en traerle una vianda -retraso de un minuto-, el anciano le grita desaforadamente. El criado se desconcierta; un plato cae al suelo; la mujer y los hijos del viejo se muestran despavoridos; sin duda, ante esta catástrofe  –la caída de un plato-, la casa se va a venir abajo con el vociferar colérico, iracundo, tempestuoso, del viejo. Y, en efecto, media hora dura la terrible cólera del anciano. El pastor aparece en la puerta; trae cara de quien va a ser ajusticiado; en mal momento va a dar cuenta de su misión del día.
-¿Ocurre alguna novedad?- pregunta el viejo al pastor
 El pastor tarda un instante en responder; con el sombrero en la mano, mira absorto, indeciso, al señor.
-Ocurrir, como ocurrir- dice al cabo-, no ocurre nada…
-Cuando tú hablas de eso modo es que ha ocurrido algo…
-Ocurrir, como ocurrir… -repite el pastor dando vueltas entre las manos al sombrero.
-¡Sois unos idiotas, mentecatos, estúpidos! ¿No sabéis hablar? ¿No tienes lengua? Habla, habla…
 Y el pastor, trémulo, habla. No ocurre novedad, no ha sucedido nada durante el día. Los carneros y las cabras han pastado, como siempre, en los prados de los alrededores. Los carneros y las cabras siguen perfectamente; han pastado bien; si, han pastado como todos los días… El viejo se impacienta.
-¡Pero, idiota, acabarás de hablar! – grita colérico.
 Y el pastor dice, repite, torna a repetir que no ha ocurrido nada. No ha ocurrido nada; pero en el establo que se halla a la salida del pueblo, junto a la era -establo y era propiedad del señor-, ha visto, cuando regresaba el pastor a casa, una cosa que no había visto antes. Ha visto que dentro del establo había gente.
 El viejo, al escuchar esas palabras, da un salto. No puede contenerse; se levanta, se acerca al pastor y le grita:
-¿Gente en el establo? ¿El establo que está junto a la era? Pero…, pero ¿es que no se respeta ya la propiedad? ¿Es que os habéis propuesto arruinarme todos?
 El establo son cuatro paredillas ruinosas; la puerta -de madera carcomida, desvencijada- puede abrirse con facilidad; una ventanita, abierta en la pared del fondo, da a la era. Ha entrado gente en el establo; se han instalado allí; pasarán allí la noche; tal vez estén viviendo allí desde hace días. Y todo esto en la propiedad, en la sagrada propiedad del viejo. Y sin pedirle a el permiso. Ahora la tormenta de cólera es tan grande, más grande, más estruendosa que antes. Sí, sí; indudablemente todos se han propuesto arruinar al pobre anciano; todos, descuidados, manirrotos, sin parar atención en la hacienda, se han propuesto que este anciano acabe en la pobreza, en la miseria. El caso de ahora es terrible; no se ha visto nunca cosa semejante; nunca ha entrado nadie en una propiedad –casa o tierra – de este viejo señor. Y el viejo señor, ante hecho tan peregrino, estupendo, decide ir él mismo a comprobar el desafuero, a remediarlo, a echar del establo a esos vagabundos.
¿Qué gente era? – le pregunta al pastor
 Pues eran…, pues eran -replica titubeante el pastor- pues era un hombre y una mujer.
¿Un hombre y una mujer? Pues ahora veréis.
 Y el viejo de la larga barba ha cogido su sombrero, ha empuñado el bastón y se ha puesto en camino hacia la era próxima al pueblo.
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 La noche es clara, límpida, diáfana; brillan –como las moneditas de oro antes– las estrellitas en el cielo. Todo está sosegado; el silencio es grato, profundo. El anciano va caminando solo, nerviosamente, vibrando de cólera. Da fuertes golpazos con el callado  en el suelo. La silueta del establo ante la blancura de la era, se percibe a lo lejos, sobre el cielo de un azul oscuro. Ya va llegando el anciano a las paredillas ruinosas. La puerta está cerrada. La mano del viejo pasa y repasa por la luenga barba. No quiere el viejo penetrar de pronto por la puerta. Se detiene un momento, y luego, despacito, se va acercando a la ventanita que da a la era. Se ve dentro un vivo resplandor. El anciano va a aplicar su cara hacia la ventana. Y sus ojuelos vivarachos están cerca del angosto hueco. La mirada del anciano penetra en lo interior. Y, de repente, el viejo lanza un grito, un grito que se esfuerza, un segundo después,  por reprimir. La sorpresa ha paralizado los movimientos del anciano. A la sorpresa sucede la admiración, a la admiración, la estupefacción profunda. Todo el cuerpo del anciano está clavado junto a la pared con sólida inmovilidad. La respiración del viejo es anhelosa. Jamás ha visto el viejo lo que ha visto ahora; esto que el anciano contempla no lo han contemplado, sin duda, nunca ojos humanos. No se aparta la mirada del viejo del interior del establo. Pasan los minutos, pasan las horas insensiblemente. El espectáculo es maravilloso, sorprendente. ¿Cuánto tiempo ha pasado ya? ¿Cómo medir el tiempo ante tan peregrino espectáculo? Tiene la sensación el anciano de que han pasado muchas horas, muchos días, muchos años… El tiempo no es nada al lado de esta maravilla, única en la tierra.

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 Regresaba lentamente, absorto, meditativo, el vio a su casa de la ciudad. Han tardado en abrirle la puerta, y él no ha dicho nada. Dentro de la casa, una criada ha dejado caer la vela cuando iba alumbrándole, y él no ha tenido ni la más leve palabra de reproche. Con la cabeza baja,  reconcentrado, iba andando por los corredores como un fantasma. Su mujer, que le ha recibido en una sala, al hacer un movimiento brusco, ha derribado un mueble; han caído al suelo unas figuritas, y se han roto. El anciano no ha dicho nada. La sorpresa ha paralizado a la esposa del caballero. La sorpresa, el asombro ante la insólita mansedumbre del viejo ha sobrecogido a todos. El anciano, encerrado en un profundo mutismo, se ha sentado en un sillón. Sentado, ha dejado caer la cabeza sobre el pecho, ha estado meditando un largo rato. Le han llamado después –como se llama a un durmiente- , y él, con mansedumbre, con bondad, dócilmente cual un niño, se ha dejado llevar hasta la cama y ha consentido que le fueran desnudando. Y a la mañana siguiente, el viejo ha continuado silencioso, absorto; a unos pobres que han llamado a la puerta les ha entregado un puñado de monedas de plata. De su boca no sale ni la más leve palabra de cólera. La estupefacción es profunda en todos. De un monstruo se ha trocado en un niño el viejo señor. Su mujer, los hijos, están alarmados; no pueden imaginar tal cambio; algo grave debe de ocurrirle al viejo; durante su paseo, por la noche, a la era, al establo, algo ha debido de ocurrirle. Esta mansedumbre de ahora es acaso más terrible que las cóleras de antes; acaso pueda ser nuncio este abatimiento de algún grave mal. Todos miran, observan, examinan al anciano en silencio,  recelosos,  inquietos. No se deciden a interrogarle; él se obstina en su mutismo. Y la mujer, al cabo, dulcemente, con precauciones, interroga al anciano. El coloquio es largo, prolijo; el viejo no accede a revelar su secreto. Y al cabo, tras el mucho porfiar, con dulzura, de la mujer ha puesto, para hablar, para hacer la revelación suprema, sus labios. El asombro se pinta en la cara de la esposa.
¡Tres reyes y un niño! – exclama sin poder contenerse.
 Y el anciano le indica que calle, poniéndose el índice de través en la boca. Sí, sí, la mujer callará. Callará, pero pensará siempre lo que está pensando ahora. No sabe la buena señora qué es peor, si lo de antes – la cólera de antes – o esta locura, sí, locura, de ahora. ¡Tres reyes en un establo y un niño! Evidentemente; durante su paseo nocturno debió de ocurrirle algo al anciano. Poco a poco se difunde por la casa la noticia de que la mujer del anciano conoce el secreto de éste; preguntan los hijos a la madre; la madre se resiste a hablar; al cabo, pegando la boca al oído de la hija, revela el secreto del padre. Y la exclamación no se hace esperar.
- ¡Qué locura! ¡Pobre!
 La servidumbre se entera de que los hijos conocen la causa del mutismo del señor; no se atreven, por lo pronto, a interrogar a los hijos; al cabo, una sirvienta anciana, que lleva en la casa treinta años,  pregunta a la hija.  Y la hija, poniendo sus labios a la par del oído de la anciana, le dice unas palabras.
¡Oh, qué locura! ¡Pobre, pobre señor! – exclama la vieja.
 Poco a poco la noticia se ha ido difundiendo por toda la casa. Sí; el señor está loco; padece una singular locura; todos mueven a un lado la cabeza tristemente, compasivamente, cuando hablan del anciano. ¡Tres reyes y un niño en un establo! ¡Pobre señor!
 Y el viejo de la larga barba, sin impaciencias, sin irritación, sin cóleras, va viendo, en profundo sosiego, cómo pasan los días. A la mansedumbre se junta en su persona la persona la liberalidad. Da de su dinero a los pobres, a los necesitados; tiene palabras dulces para todos, exorables. Y todos en la casa, asombrados, recelosos, entristecidos –sí, entristecidos-, le miran con mirada larga y piadosa. El señor se ha vuelto loco; no puede ser de otra manera. ¡Tres reyes en un establo! La mujer, inquieta, va a buscar a un famoso doctor. Este doctor es un hombre muy sabio; conoce las propiedades de los simples, de las piedras y las plantas. Cuando ha entrado el doctor a la casa le han conducido a presencia del viejo; ha dejado éste hacer al doctor; parecía un niño, un niño dócil y débil. El doctor le ha ido examinando; le interrogaba sobre la vida, sobre sus costumbres, sobre su alimentación. El anciano sonríe con dulzura. Y cuando le ha revelado su secreto al doctor, después de un prolijo interrogatorio, el doctor ha movido la cabeza, asistiendo, como se asiente, para no desazonarlo, a los despropósitos de un loco.
-Sí, sí –decía el doctor-. Sí, sí; es posible. Sí, sí; tres reyes y un niño en un establo.
 Y otra vez tornaba a mover la cabeza. Y cuando se han despedido, en el zaguán, a la mujer del anciano, que le interrogaba ansiosamente, ha dicho:
-Locura pacífica, sí; una locura pacífica. Nada de peligro; ningún cuidado. Loco, sí, pero pacífico.
  Esperemos… 

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 Este soberbio cuento apareció   como historia del mes de diciembre en el Número Almanaque para 1927 de la revista «Blanco y Negro»  (1 de Enero de ese año). Posteriormente fue incluido en la obra «Blanco en azul» (editada en Madrid en 1929 por Biblioteca nueva). La ilustración -que acompaña al relato en su primera aparición y que reproducimos- es de Narciso Méndez Bringas.

 En la segunda versión de esta obra se apostilla un «ningún régimen especial» justo antes del postrer «Esperemos…», palabras que no encontramos en el Blanco y Negro. Más peliaguda es la acotación, en la impresión definitiva, de «En Belén; año primero de la Era Cristiana» que aparece entre el título y el inicio del relato. Esta inclusión, que echa a perder totalmente el sentido y la magia de esta historia no se encuentra en la versión princeps, en la que sólo se indica –precediendo al título- el rótulo «Cuento de Navidad.»

 La ilustración de Méndez Bringa  muestra al viejo ataviado a la usanza cervantina, como de inicios del siglo XVII, pero también con cierto aire de intemporalidad, como si el relato sucediera en algún momento del pasado. No descubrimos nada cuando resaltamos que Azorín gusta de situar sus cuentos en una época y en un mundo rural indeterminado –vagamente castellano- y como cotidiano, en una suerte de moroso estasis. En esta tesis uno recuerda la opinión del propio Azorín sobre Zabaleta: lo esencial es la idea, no la forma ni los colores. Pues bien la idea de este relato es  su dimensión cristiana: la venida al mundo de Jesús –la Navidad- supone la apertura de nuestro corazón a su acción bienhechora. Tal suceso, tal demostración de poder (epifanía) sucede –a cada momento- en cualquier parte del mundo. Y  a cualquier persona. 

sábado, 22 de diciembre de 2018

Campaña «Un libro, una ilusión»



Si recuerdan, el curso pasado iniciamos en el mes de diciembre la campaña de donación de libros infantiles «Un libro, una ilusión» con el fin de repartir el legado conseguido entre los colegios y centros concertados adscritos al Vélez. Ellos, a su vez, se encargarían de regalárselos a los alumnos sin recursos. Concluyamos el resumen de la campaña pasada señalando que en aquella ocasión el monto de ejemplares recogidos superó con creces nuestras expectativas y pudimos cumplir con nuestros objetivos, gracias a la generosidad de los alumnos y profesores y, no menos importante, al compromiso de los colegios y centros adscritos.

   En la campaña presente nos vemos en la obligación de señalar que la cantidad de libros recogida ha sido a lo largo del plazo marcado ha resultado exigua. Con esta afirmación lo único que queremos señalar es que el fallo ha sido nuestro y que hemos cometido un error de cálculo. En el año pasado las personas que cedieron libros fueron extremadamente generosas y literalmente vaciaron sus bibliotecas. Por tanto esta actividad no debería ser anual, sino convocarse cada tres o cuatro años, para que diera tiempo a aglutinar a nuevos donantes. Y es que, por muy rutinarias que pueda parecer el funcionamiento de una biblioteca escolar, lo cierto es que cambia a cada momento, sus actividades se reforman en cada curso y, a veces, hay que recurrir al borrón y cuenta nueva.

 No obstante, y cuando ya dábamos la campaña por perdida, recibimos dos donaciones que nos impresionaron por la cantidad de libros, su calidad y buen estado de conservación y que demostraban la implicación del profesorado y del personal no docente en los retos que desde la biblioteca asumimos.

Estos fondo unidos a algunos libros que han aportado nuestros alumnos han permitido concluir la campaña de forma digna y el pasado día 21 de diciembre la profesora Feli González entregó los libros recogido al CEIP El Valle. Agradecemos a este Centro su colaboración, al enviarnos representantes a recoger los libros y su compromiso, pues son ellos lo que organizarán la entrega a alumnos sin recursos.
En el reconocimiento queremos incluir a los alumnos y profesores y el resto de la plantilla del Vélez cuya generosidad nos ha permitido cumplir con dignidad con los objetivos que nos propusimos. No hay mejor regalo que un libro y no existe mejor forma de comenzar la navidad que repartiendo entre otros la felicidad que conseguiste con su lectura.

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El álbum de fotos en el Facebook del Instituto:


jueves, 20 de diciembre de 2018

Los Días del Alcyon



Un curso más, y ya van tres, los volúmenes de la Biblioteca del Vélez abandonan los anaqueles y con los esforzados trabajos de profesores, alumnos, ex - alumnos y hasta superhéroes, primero sirven de cimientos y luego se alzan evocando torres de babilonias y faros alejandrinos para concluir como pedestal de la esfera armilar. Los libros, hechos al fin de papel, vuelven a formar parte de un árbol. Desde los estantes, o desde el propio monumento, Ovidio, Shakespeare, Tolkien, Ibáñez glosan estas metamorfosis arbóreas, estos bosques que se transforman en alguna otra cosa.

 La finalidad de esta pirámide, de este árbol de la ciencia es señalar las vacaciones de navidad. Y también indicarnos como vivirlas. En estos días que mañana se inician seamos como los anuarios, atlas, enciclopedias… abandonemos la monotonía tras los cristales, juguemos, cambiemos, conquistemos los cielos pero, sobre todo, crezcamos en ligereza.

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La construcción del árbol de la Navidad, paso a paso, mereció un álbum en el Facebook de nuestro Instituto:


domingo, 16 de diciembre de 2018

Exposición «Ernestina de Champourcín, Memoria Viva»






Un año más, la conmemoración del día de la lectura en Andalucía (16 de Diciembre) en nuestro Instituto ha girado en torno a la escritora Ernestina de Champourcín. Esta vez la hemos recordado con la exposición «Ernestina de Champourcín, Memoria Viva» con reproducciones de collages de la artista Maribel Muñoz y con cartelas en las que figuran los versos de Ernestina que los inspiraron. El lugar donde hemos colocado las obras es el pasillo principal, donde pueden admirarse desde el pasado miércoles 12.

 Vaya todo nuestro agradecimiento a la autora de los collages, Maribel Muñoz, no sólo por consentir la reproducción de sus obras, sino por enviarnos las reproducciones de las mismas, los versos a los que hacían referencia y el dossier, o sea, la información necesaria para entender y comentar sus collages. En pocas palabras, menos el montaje, todo el trabajo de la exposición ha sido suyo.


Ernestina de Champourcín Morán de Loredo (1905 – 1999), fue una poeta perteneciente a la Generación del 27 y una de las integrantes del mítico Lyceum Club Femenino. Como otros tantos escritores (y sobre todo escritoras) su compromiso político con la República motivó su exilio tras la guerra civil, primero a Francia y desde finales de 1939 a México. Volvió a nuestro país en 1972.


  Respecto a la exposición la serie de collages, y siguiendo las palabras de Maribel Muñoz, parten de una fotografía de juventud de Ernestina, cuando una mujer supuestamente apocada, correcta y aristocráticamente vestida estaba a punto de descubrir el mundo.

La artista emplea la técnica del collage en su acepción más dadaísta, para romper, transformar y tratar de conversar con la persona que fue Ernestina: alguien que no quiso definirse y encontró placer en mantenerse desdibujada, según sus propias palabras.

Hacemos nuestro el juicio de Maribel Muñoz: Ernestina de Champourcín es memoria viva. Aunque haya sido silenciada y olvidada durante demasiados años, sin mujeres como ella, a ni dudar, nuestra cultura sería mucho más pobres.

En un principio esta serie de collages formaron parte de la exposición Algo Distinto. Posteriormente fueron integrados en una exposición más amplia Mujeres: Corto y Cambio consagrada a dar visibilidad a aquellas mujeres de la generación del 27 que fueron referentes esenciales de la internacionalización de nuestra cultura y que, precisamente por ello, fueron silenciadas durante muchos años.

El que redacta estas líneas tuvo la oportunidad de admirar la exposición en el antiguo Casino de Candelario (Salamanca) este verano y puedo asegurar que por su originalidad y por su compromiso con las autoras que le inspiraron merece la pena verla. Las reproducciones del Vélez, aunque maravillosas, no dan idea del portentoso conjunto que es Mujeres: Corto y Cambio en su integridad y con sus obras originales. Es una pena, que el Barco de Ávila, donde actualmente está instalada, nos pille tan lejos.

La exposición velezguevariana, por tanto, no es sólo una evocación de Ernestina de Champourcín, sino también una muestra del arte desenfadado, misterioso y comprometido de Maribel Muñoz. Concluimos con la semblanza en la que la artista se autorretrata:




«Vine al mundo al amanecer de un día de febrero, en Béjar, Salamanca, hace cincuenta y dos años. Actualmente vivo en Madrid, Soy autodidacta, en continuo aprendizaje. Como collagista he participado en varias exposiciones en Madrid y Salamanca y en algunas publicaciones. Pertenezco al colectivo Mujeres que cortan y pegan, donde se integran a mujeres de todo el mundo que trabajan el collage.

Heredé de mi abuelo materno mi afición por la quietud. Mientras la gente a mi alrededor no paraba de dar vueltas, yo elegí quedarme inmóvil. Aprendía a observar y así, descubrir que entre los periódicos viejos que mi madre usaba para proteger el suelo recién fregado, podía hallarse el mejor de los mundos. Recordaba y juntaba imágenes, mezclaba con distintas tipografías y lo pegaban en un álbum. Entonces, no sabía que, de alguna manera, estaba realizando collages.

Ese gusto por cierto tipo de papeles, el azar o el error, me ha acompañado toda mi vida. Mi trabajo es siempre manual. Concibo el collage como un proceso de búsqueda, como un trabajo matérico: tocar, mancharse, buscar… y con un poco de suerte, hallar. Casi todo mi trabajo procede de una tradición surrealista. En mis collages, suele haber una opinión personal, crítica, que necesito expresar.»

El reportaje de la exposición en el Facebook de nuestro Instituto:

https://www.facebook.com/pg/iesluisvelezdeguevara/photos/?tab=album&album_id=2007755519309791








Latido

Tres palabras tres clavos 
sujetándose el cuerpo; 
tres alas en mi alma 
sosteniéndome el vuelo


Azul Vano

Yo agolparé tinieblas en el limpio sendero
que hollan las verdades.
Plegaré la inconsciencia como una venda inmóvil
sobre tu laxitud


 La caja que guarda todas las rosas

Hay cosas que no son, pero que siguen siendo.
gozo, nostalgia, fronda que nunca hemos plantado,
hermosura secreta que sólo fue latido



Anemic Cinema

Allá, en un quinto piso 
un ajedrez despierto 
junto a una débil llama
de alcohol falsificado


Desafección

Hay manos que triunfan al quedarse vacías
y otras como puños que no conservan nada


 Ejercicio caligráfico

Ha salido vacía
la red de tus palabras
sin lograr conmover
el cáliz de mi alma


Anidar

¡Sólo yo me he quedado
en la brisa enredada!
Sólo yo me he perdido
en un vuelo sin alas


Destierro

Sé que me estás mirando con Tu mar y tu cielo
mientras trabajo, sóla
entre cuatro paredes


Esencia sobre carne viva

Voy a arraigar en ti. Mis fuerzas más oscuras
remueven lentamente la tierra de tu alma


Abundancia

Verde y rojo se alternan.
Y yo hago provisiones
de amor y de esperanza


Exilio I

¿Carta a lo que no existe?
Hay buzones alados
que se disparan solos
y un correo sin pistas
ni trayecto seguro


 Exilio II

Yo no diría ruinas.
Yo diría jardines de piedra multiformes
donde han ido los siglos
floreciendo y amando


SOY

Mírame en ti. Mi efigie verdadera
se esconde en tus pupilas y en la albura
de esa imágen sin cuerpo que perdura
cuando el trazo más nítido se altera


¿Vuelo?

Vuelo corto si voy caminando yo a solas
vuelo largo, tendido, de alcance inalcanzable,
si como tú me dejo despojar de lo mío
y Otro vuela por mí inagotablemente


 Haiku

Tú me quieres así
despojada de todo
sin lo mío y sin ti

jueves, 6 de diciembre de 2018

La Constitución de Forges



La biblioteca de nuestro centro se unió a la celebración del cuadragésimo aniversario de la ratificación de nuestra Carta Magna por referéndum (6 de diciembre de 1978) con la adquisición de la recién reeditada Constitución de Forges.

  La incorporación de un volumen al que la catalogación de códice facsímil no le viene larga exigía una Joyeuse Entrée tanto por sus aspectos formales como por los valores que encarna.  Como representación del pueblo soberano, echamos mano de los alumnos de tercero de ESO «A», uno de los cursos más patriótico y apasionado por la vida política de nuestro país que hemos conocidos.

  La elección de la personificación de España no resultó una tarea sencilla, pues, simple y llanamente, todos querían embutirse en el patriotero morphsuit. Tras la confección de una larga lista de espera, la elegida fue Lara Paredes Martín. Para los recalcitrantes defensores de las alegorías de féminas con túnicas vaporosas respondemos con los siguientes argumentos:

a)     Una alta proporción de las ficciones de Cesare Ripa son femmes formidables, doncellas fornidas, matronas armígeras, palas, ateneas y minervas varias de gimnasio, palestra y hasta de pugilato.
b)    No existe epíteto más hermoso que el de Mater Castrorum.
c)     La ambigua expresión madre patria resume y resuelve todas las cuestiones sobre el género de la identidad nacional.

   Aquí tienen dos imágenes de la jornada:









 Acerca del volumen adquirido señalaremos que se trata de una edición muy cuidada, pero lamentablemente amnésica. Afortunadamente contamos con la sabiduría de la tebeosfera.


  Por tanto, indicamos que en un primer momento fue editada a lo largo de 1978 como cuatro cuadernos grapados en autoedición. Al cabo de un año, la obra apareció recopilada en un libro, encuadernado en cartoné. Mucho más, tarde en 2006, Espejo de Tinta lanzó la colección de libros Historia de Aquí, que recopilaba gran parte de la obra humorístico historiográfica de Forges y estos cuatro fascículos fueron recogidos en el tomo 3 de aquel volumen, el titulado: 1978-1982. La Constitución... y La Transición.

 Añadimos que en noviembre de 2018 se publicó la reedición que hoy presentamos por Espasa, sello editorial de Planeta. La impresión se realizó en Barcelona con el siguiente Depósito legal: B. 23-590-2018 y el preceptivo ISBN 978-84-670-5371-5.

 Respecto a la obra en cuestión el texto constitucional se reproduce en su integridad, incluyendo el preámbulo y las disposiciones adicionales, transitorias, derogatorias y finales. Ilustrar diez títulos 169 artículos, muchos de ellos estructurados en diversos puntos arroja el siguiente inventario de ilustraciones:

 Cuatro portadas.
Otras cuatro imágenes a toda página.
Cinco historietas o microrrelatos historiados.
-Trescientas once viñetas (cifra aproximativa, pues el cálculo se realizó de manera apresurada).

 Evidentemente se trata de una empresa titánica, tanto en extensión como en ingenio, pues el texto constitucional, por muy trascendente que resulte, se presenta con una plúmbea terminología legalista que desanimaría hasta a el fénix de los ingenios. El pendolista Luis Moreno que confeccionó el lujoso ejemplar manuscrito de la Carta Magna que se custodia en el Congreso no tuvo que afrontar, ni de lejos, el reto que se planteó Forges, un trabajo ímprobo que pretendía hacer sonreír al lector, pero cuyo planteamiento y realización no tuvo nada de divertido.

 Los trabajos de Alejandro, la columna trajana, la Biblia Pauperum, las obras completas de Gustave Doré no sirven de ejemplo, pues Forges tuvo que presentar en viñetas un texto árido y además dotarlas de gracejo. Lo cierto es que lo consiguió y además logró mantener el ritmo, a base de una entrega apasionada por su trabajo y una admiración sin tasa por los valores que la Carta Magna introducía en la vida política de los españoles de aquel entonces.

 Para ello recurrió a todo el universo que había creado en años anteriores: los zagales que reflexionan por un horizonte castellano a lo Delibes, las dos viejas pueblerinas, los dos náufragos, los dos exploradores perdidos en el desierto, el matrimonio de Concha y Vicente, el otro matrimonio, -el de la mujer elefantiásica-, el burócrata covachuelista… introducido todos por una matrona constitucional entrada en carnes.

  De esta forma la Constitución de Forges es un despliegue de creatividad expresado en la galería de invariantes hispánicos, si el oxímoron es tolerable. Es el momento de recordar que Antonio Fraguas de Pablo, escogió ese ‘Forges’ catalán que evoca a dioses y herreros forjadores. Inevitable resulta la referencia a su galería de forgendros. Y nuestra écfrasis tiene que dejar paso a sus palabros: imposeibol, informaçao, talmente, gensanta…

La Carta Magna de 1978 encontró en Forges su más cumplido ilustrador, paradoja que no debía de sorprendernos, pues en aquella época fue la caricatura política el medio que mejor plasmó la decadencia del franquismo y los primeros años de la transición. Máximo, Chumy Chumez, Peridis, OPS, Mingote… son otros artistas gráficos de esa generación que formada en los embates de la censura, informó y formó a la primera quinta de votantes de la democracia.

Como recuerdo de esos años reproducimos una serie de viñetas del último volumen, el octavo, de la Historia de Aquí de Forges, editado en 1985 por Coedis en Barcelona (manejamos una tercera edición datada en ese año, pero impresa en 1989 en Estella). Deseamos que estas viñetas introduzcan al lector en las realidades y esperanzas de los años en los que se fraguó (nunca mejor dicho) nuestra Carta Magna, y que sirvan como preámbulo al libro que hoy se incorpora a nuestra Biblioteca.


El fin del franquismo.


¡Al fin, lo hisimos!.


España '75


El marqués de Villaverde


El búnker, la reforma del Código Penal y Manuel Gutiérrez Mellado


El presidente Adolfo Suárez


El Príncipe Felipe y las primeras elecciones libres


El 15 de junio de 1977

La Consti


Las primeras elecciones democráticas


Vicente Aleixandre, Premio Nobel de Literatura


Los Reyes de España y Pablo VI


 Carmen Franco y la segunda boda de la Duquesa de Alba


                                                       El Referéndum de la Constitución


El Rey sanciona la Constitución


El Golpe de Estado del 23 F


       EL PAÍS: Humor para 40 años de Constitución


La Constitución de Forges ilustra el décimo para el sorteo de la Lotería Nacional por el 40 aniversario


 La Constitución de Forges ilustra el décimo para el sorteo de la Lotería Nacional por el 40 aniversario



Propuestas presentadas por el diseñador  Manuel Estrada para celebrar los 40 años de Constitución española.

http://www.brandemia.org/estrada-disena-el-logo-que-celebra-los-40-anos-de-constitucion-espanola


sábado, 24 de noviembre de 2018

Fallo del III Concurso de Relatos de Terror



 El pasado 20 de noviembre (martes) el jurado del Concurso de Relatos de Terror emitió su fallo: Por unanimidad recibió el galardón la obra «Su mejor amigo» escrito por la alumna Julia Franco García del curso 3º de ESO «B».  Hemos de indicar que en los tres años que se lleva convocando este certamen no recordamos una historia tan estremecedora desarrollada con tal economía de medios, entre ellos la brevedad.

  En la imagen la ganadora posa con sus compañeros Francisco de Paula Rojas García y Raúl de la Rosa Reyes.

  Para anunciar el triunfo de Julia imprimimos el siguiente cartel:


  Evidentemente, se trata de un homenaje a la celebérrima cubierta de la obra «Bills of Mortality» (London's dreadful visitation; or a collection of all the bills of mortality for this present year. London: E. Cores, 1665) atribuida a John Graunt. Señalemos que este tétrico libro o, mejor dicho, la colección de la que forma parte, se considera uno de los primeros testimonios de las matemáticas aplicadas a las Ciencias Sociales.



  La imagen que reproducimos procede de la siguiente página:


  Y concluimos con la reproducción del relato:



   SU MEJOR AMIGO por JULIA FRANCO GARCÍA

… el bebé lo primero que dijo no fue ni “papá” ni “mamá” fue “Ambi”. “Ambi” era su forma de decir “Bambi”, que era el nombre del perro de aquella familia.

Era un bulldog francés de atenta mirada y juguetona, que había conseguido que el bebé estuviera siempre entretenido. Dejaba que el niño le acariciase y le tirara de las orejas una y otra vez. Le enseñó incluso a caminar, ya que el perro había dejado que el bebé se sujetara a su lomo para dar sus primeros pasos. El padre del niño había sacado algunas fotos de aquel momento tan bonito e inolvidable y cada vez que se sentaba junto a su mujer se pasaban horas riendo y mirando el álbum de fotos.  

Por eso, cuando Bambi murió atropellado por una furgoneta, la madre se preocupó y pensó que el bebé echaría de menos al perro, aunque el marido le dijo de inmediato:

     -Tiene apenas un año, no se dará cuenta de nada.

Más tarde el hombre fue al patio trasero, que era muy extenso y estaba repleto de vegetación. Comenzó a cavar la tumba del perro. A la media hora terminó, ya que la tierra era dura y no hacía falta cavar mucho para enterrar el pequeño cuerpecito del animal. Metió en el agujero al perro, que estaba cubierto por una manta blanca, y luego de pronunciar en voz alta una despedida para “Bambi” empezó a echar la tierra sobre él.

Horas más tarde, mientras veía un partido de fútbol por la tele, escuchó a su hijo que estaba en el patio pronunciando “Ambi, Ambi”, y reía a carcajadas. Salió de la casa para mirar, creyendo que el niño repetía la palabra por costumbre. Se quedó helado al ver a su hijo caminando al lado del perro, que tenía el pelaje manchado de barro y cojeaba de una forma muy extraña. Ambos se dirigían hacia la tumba, que estaba abierta, y cuando el hombre llamó a su hijo a gritos, el animal se dio la vuelta y le enseñó sus colmillos afilados. Sus ojos eran rojos y el hombre de inmediato se dio cuenta que las intenciones que tenía “Bambi”, o lo que fuese que caminaba por su patio, eran malignas. Agarró la pala que había dejado junto a un árbol de su patio y comenzó a golpear al animal, mientras el bebé lloraba a todo pulmón y no dejaba de repetir aquel nombre que comenzaba a resultarle siniestro: “Ambi, Ambi”.

El hombre golpeó al perro hasta dejarlo convertido en una masa de carne y sangre. Enterró de nuevo lo que quedaba de él en el agujero abierto. No le dijo nada a su mujer, quizás porque sabía que pensaría que se había vuelto loco.

Cuando llegó la noche, apenas pudo dormir y se despertó sobresaltado en medio de la oscuridad. Acababa de tener una pesadilla con el animal y tenía el cuerpo cubierto de un sudor frío. Se levantó y se dirigió hacia la cuna del bebé, pero ésta estaba vacía, y enseguida escuchó la voz de su hijo que desde el patio trasero de la casa repetía: “Aaaambiiiii… Aaaambiiiii”.

El hombre salió como un loco, y llegó justo para ver como esa cosa que ya ni siquiera se parecía a “Bambi” arrastraba al bebé hacia el agujero del patio. El padre dio un grito y entonces la cosa se dio vuelta y le mordió en la pierna. El hombre le respondió con una patada y luego agarró a su hijo y se metió en la casa. Así pasaron el resto de la noche escuchando los quejidos del animal, que del otro lado rascaba la puerta para que lo dejasen entrar.