sábado, 16 de febrero de 2019

V Jornadas del Cómic



Este año las V jornadas del cómic han llegado en los fríos días en los que enero deja el testigo a  febrero, pero de nuevo, los alumnos han recibido con todo la calidez que merece al guionista de Carmona en Viñetas, Rafael Jiménez.

Simultanear su apretanda agenda con el uso de nuestro Salón de Actos y, por si fuera poco, las actividades del Día de la Paz, ha obligado a continuas y accidentadas rectificaciones, materializadas en replanteamientos tan arduos que los organizadores parecíamos guionistas que coordinan universos paralelos o plantean guerras infinitas.  En una apretada síntesis, señalaremos, que la actividad contó con el concurso del cartel del jornadas como preámbulo y que las jornadas se desarrollaron en los días veintiuno, veintidós, veintecuatro de enero y el primero de febrero y que todo acabó saliendo a las medida de nuestros deseos.

El relato de esta actividad tendría que remontarse a diciembre cuando convocamos entre nuestros alumnos el concurso para elegir el cartel para las jornadas. Señalemos que la participación resultó bastante escasa, pero que la calidad de los trabajos resultó más que destacable. Al final escogimos la obra de Isabel María García Franco del Primero de Bachillerato «B».

El lunes veintinuno fue el primero de los día del Cosplay, que en este año alcanza su tercera edición. Un grupo de alumnos de ESO, FP Básica y Bachiller prestaron el más cumplido homenaje a sus héroes y villanos favoritos al disfrazarse como ellos, que es la mejor manera de encarnarlos. Más que un grupo diríamos legión, pues este año superamos la veintena de participantes y, al igual que otros años, se sumó algún antiguo alumno, pues parece ser que esta jornada deja impronta.

  Las cuatro horas que duró la actividad se hicieron cortas para la sesión de fotos, la exhibició por las clases, el desayuno asgardiano celebrado en el recreo, el partido de fútbol de super-héroes y el torneo de pressing – catch, wwe, espectáculo de lucha coreografiada (como quieran llamarlo) celebrado en el gimnasio del Vélez.

 El martes veintidós  tuvo lugar el taller dedicado al cómic en la biblioteca dedicada a aquellos alumnos de la ESO, lectores habituales de cómics, tebeos y mangas. Año tras años vamos sumando seguidores y en esta ocasión hemos tenido que organizar tres sesiones para agrupar a los treinta y tres participantes: una para  alumnos escogidos de los primeros de ESO «B» y «C» otra para los fans de cómic de primero «D», segundo «A»  y tercero A»  y otra más que reunió a representantes de segundo «B»,  tercero «B», tercero «C», cuarto «B» y primero de bachillerato «B», 

Rafa ha explicado las relaciones entre el cómic y el cine. Todos los allí presentes han disfrutado con las anécdotas y curiosidades y el ponente ha hecho gala de su  habilidad incuestionable para conectar con la juventud.

El jueves veinticuatro realizamos otra jornada del Cosplay, esta vez para  los alumnos de las aulas de apoyo y del aula específica, pues si algo nos enseñan las historietas de superhéroes es que sus protagonistas son extranjeros, personas especiales, distinta del resto que, sin embargo,  buscan la integración y a pesar de sufrir la soledad y el desprecio, se empeñan en luchar por una sociedad más justa. Fue esta una jornada especialmente memorable, pues coincidió con el último día en nuestro Centro de su «seño», la profesora Ana Casariche. Si bien, no hemos podido retener más tiempo a esta campeona de la igualdad, al menos pudimos organizarle una despedida a la altura de su entrega por la enseñanza.

En la última jornada, el día 1 de febrero, hemos tenido la suerte de poder disfrutar de un encuentro con autor, a lo grande. Y el adjetivo se ajusta perfectamente a la planificación de la actividad: una jornada maratoniana que ocupó casi toda la jornada escolar y que se desarrolló primero en el salón de actos y después en la aulas de los grupos implicados, que fueron, nada menos, que todos los cursos de la ESO. En palabras del propio Rafael Jiménez: «300 alumnos, dos lotes de 60 tebeos de Gustavo y sus leyendas, 300 lectores, 5 horas y un guiocuentacuentos. Una mañana movida».

Si el año pasado Rafa consiguió que nuestros alumnos contemplaran la obra de Murillo como nunca lo habían hecho, este año, y gracias al cómic «Gustavo y sus leyendas», consiguió que nuestros escolares se acercaran a la vida y obra de Gustavo Adolfo Bécquer, otro andaluz universal, y se divirtieran aprendiendo. Esta evidencia puede aplicarse igualemnte a los a los profesores que asistimos a esta clase magistral, que nunca imaginamos que Maese Pérez muriera de esa forma y que Gustavito y Valeriano descubrieran que… (pero no vamos a seguir con el spoiler).

Pese a las complicaciones que hemos sobrellevado en la organización, las jornadas han dejado buen recuerdo entre los organizadores y los participantes y han demostrado que esta apuesta del Vélez por el mundo del cómic gana cada años seguidores sin perder contenidos ni profesionalidad. Evidencia también que en este siglo XXI la historieta y su reflejo en el cine y la animación gozan no ya de una salud envidiable, sino que viven una auténtica edad de oro, en la que las barreras de las edades, los condicionamiento de género o la profundidad intelectual, se han superado completamente.

Unas jornadas tan completas no hubieran podido realizarse sin la participación de un ejército de colaboradores. Una vez más, agradecemos a Rafael Jiménez y la asociación «Carmona en Viñetas» las deferencias que tienen con nuestro Centro. En segundo lugar agradecemos al departamento de Educación Física la cesión del Gimnasio para la celebración del primero de nuestros días del Cosplay. El tercer lugar lo guardamos para esos profesores amantes del cómic que se suman a este proyecto y que nos retan cada año a celebrar estas jornadas con mayor despliegue de alumnos y de tiempo. El último puesto, pero no el peor, lo consagramos al resto de docentes y a la multitud de padres que se extrañan ante el apasionamiento que los organizadores y los alumnos participantes ponemos por eso de los tebeos, pero que, aun así, han aceptado nuestra oleada de rectificaciones con paciencia y que, o bien han acompañado a sus alumnos a los encuentros con Rafa o bien, han permitido quedarse sin la mitad de clase con tal de que se pudieran materializar estas jornadas.  A todos ellos Excelsior.


El reportaje de las Jornadas en el Facebook de nuestro Instituto:


https://www.facebook.com/pg/iesluisvelezdeguevara/photos/?tab=album&album_id=2096964280388914







domingo, 13 de enero de 2019

Los Inmortales de la Biblioteca




               En primera fila y de izquierda a derecha: Pilar, Julia, Lorena, Lucía, Alba, José Pablo, Álvaro y Miguel Ángel. 
En la fila de atrás y de izquierda a derecha: Sandra, Carmen, Andrea, Nacho, Juan y David.

Establecidos desde aquellos tiempos míticos en que Lola Roldán organizaba la biblioteca, el pequeño ejército de alumnos colaboradores de la biblioteca se ha ido renovando desde entonces y ha acabado por convertirse en una de sus señas de identidad. Como la guardia real de los aqueménidas su reemplazo es tan inmediato que se produce la ilusión de que permanecen para siempre. Y como los soldados persas, también han acabado por convertirse en un cuerpo de élite en el que refulgen nuestros mejores lectores.

 En la primera entrada del blog del presente curso escolar procedimos a representarlos y a dar a conocer sus funciones. Pero poco después de nuestra publicación, algunos alumnos dejaron este puesto siendo prontamente sustituido por otros. Y es que una biblioteca escolar más que un modelo de continuidad es un paradigma de sucesión a partir de pequeños y continuos cambios, evidencia que ya hemos demostrado más de una vez.

Este es el listado actualizado de alumnos ordenados por cursos:


1º de ESO «D»

-        Lucía Herrera Baena
-        Andrea Moscoso Arjona
-        Lorena Pérez Domínguez

2º de ESO «A»

-        Julia Rodríguez Gómez
-        Lidia Pardo Mérida

2º de ESO «A»

-        Sandra Luque Álvarez

2º de ESO «B»

-        Carmen Mª Carrasco García
-        Mª de Pilar Moriana Herrera
-        Mar Vega Martín

2º de ESO «C»

-        Miguel Ángel Delgado León

3º de ESO «A»

-        Juan Farfán Benítez
-        Álvaro López Caro
-        David Martín García

3º de ESO «B»

-        José Pablo García Fernández
-        Alba María Moreno Pérez
-        Ignacio Jesús Varela Alcantarilla


Las bajas y las incorporaciones obligan a reformar el horario de sus cometidos. Como hay que procurar que coincidan en el mismo día compañeros y/o amigos para que puedan realizar su trabajo de forma más cómoda, la realización de este reparto es más complejo de lo que pueda parecer. Al final el resultado es el siguiente:


AYUDANTES DE BIBLIOTECA 18/19

Día de la semana
Alumnos
Lunes
Andrea Moscoso Arjona
Lorena Pérez Domínguez
Ignacio Jesús Varela Alcantarilla
Martes
Álvaro López Caro
Miguel Ángel Delgado León
David Martín García
Miércoles
Sandra Luque Álvarez
Lucía Herrera Baena
Julia Rodríguez Gómez
Jueves
Carmen Mª Carrasco García
Mª del Pilar Moriana Herrera
Mar Vega Martín
Viernes
Juan Farfán Benítez
Alba Moreno Pérez
José Pablo García Fernández

   


Un posado en las escaleras.

Los Ayudantes de Biblioteca no son los únicos alumnos colaboradores de nuestra institución. Existen un sinnúmero de tareas para las que se necesita la dedicación de otros alumnos. Hablamos de  colocar carteles y avisos (y también retirarlos), transformar la biblioteca para el cementerio de los libros olvidados, las fiestas navideñas o nuestro rincón de la Semana Santa, para después volverla a quedar como estaba. No olvidemos la participación como figurantes en el mencionado cementerio ni dejemos tampoco en el tintero la ingrata tarea de repartir las citaciones clase por clase de los alumnos que se demoran en el préstamo, pierden el carnet de lector y otras incidencias que por tediosas que puedan parecer señalan que nuestra institución funciona como un reloj.

Por tanto, nuestra Biblioteca posee, como los ejércitos de la Antigüedad, un ordenado cuerpo de élite, pero también un conjunto de tropas auxiliares cuyos cometidos resultan de lo más diverso, cuya organización de mando se manifiesta, cuando menos, confusa y, en definitiva, cuya descripción escapa a cualquier sistemática. Que su colaboración resulte ocasional señala que, precisamente, su labor es más que oportuna y que a lo largo de lo que llevamos de año, por poner un ejemplo, su labor ha sido clave para sacar nuestros proyectos adelantes.

En estas coyunturas, algunas veces recurrimos a algún curso con profesor ausente que acaba recalando en la biblioteca, pero por lo normal es que empleamos a algunos alumnos cuyo perfil se sitúa en las antípodas de nuestros Ayudantes: escolares desmotivados, habituales del aula de convivencia, repetidores… y que sin embargo cumplen los encargos de nuestra biblioteca con buena disposición, profesionalidad y diligencia.

A estas alturas de nuestro discurso la comparación entre Ayudantes y Colaboradores parece imponerse, pero no la encontramos pertinente. Los primeros no prestan su tiempo, doblemente valioso, porque es el tiempo del recreo y los segundos se encuentran disponibles el resto de la jornada escolar. Ambos nos resultan necesarios y sus labores se complementan. Únicamente que los primeros gozan de más nombradía que los segundo, pero para eso escribimos esta entrada.

Una historia de los segundos, estos Irregulares de Baker Street sería muy corta, porque pasan por la historia de nuestra biblioteca sin registro y por tanto sin pena y sin gloria. Poco más podemos afirmar aparte de que su fundación antecede a la de los propios Ayudantes, pues antes de poner en marcha a la Biblioteca hubo que recurrir a una multitud de alumnos para las tareas más diversas, desde el cableado al transporte de las estanterías. Una cosa es segura: poco alcanzaron la popularidad de los habituales en nuestra institución en este curso: Rafael Carmona Prisco y Alejandro Rodríguez Fernández del 2º de ESO «A».


 De izquierda a derecha: Iván León Castilla (1º de ESO  «C»), Alejandro Rodríguez Fernández, 
Rafael Carmona Prisco y Rubén García Ramos (2º de ESO «C»).


martes, 25 de diciembre de 2018

El Primer Milagro, Cuento de Navidad de Azorín




 La tarde va declinando; se filtran los postreros destellos de sol por el angosto ventanito del sótano. Todo está en silencio. Las manos del anciano van removiendo, como si fuera una blanda masa, el montón de monedas de oro, relucientes, que está sobre la mesa. El anciano tiene una larga barba entrecana; los ojos aparecen hundidos. Los últimos fulgores del sol van desapareciendo; por el tragaluz ya sólo se escurre una débil y difusa claridad. Las monedas vuelven a la recia y sólida arca. El anciano cierra la puerta con un cerrojo, con dos, con una armella, con unas barras de hierro, y luego asciende, lento, por la angosta escalerita. Ya está en la casa. La casa se levanta en un extremo del pueblo; se halla rodeada de extenso vergel, y tiene, a un lado, una accesoria para labriegos y servidumbre. El anciano camina lentamente por la casa; su índica –el de la mano derecha- pasa y repta sobre la curvada nariz. Al pasar por un corredor ha visto el viejo una puerta abierta; esta puerta ha mandado él que esté siempre cerrada. Se detiene un momento el viejo; da una voz de pronto; le enardece la cólera; acude un criado; el viejo impropera al criado, se acerca a él, le grita en su propia cara. Tiembla el pobre servidor, y prorrumpe en palabras de excusa. Y el viejecito de la barba larga prosigue su camino. De pronto se detiene otra vez; ha visto sobre un mueble unas migajas de pan. La cosa es insólita. No puede creer el anciano lo que ven sus ojos. Llegarán, por este camino, a dispersar, destruir su hacienda. Han estado aquí, sin duda, comiendo pan -pan salido, indudablemente, de la despensa-, y han dejado caer unas migajas. Y ahora su cólera es terrible. La casa se hunde a gritos; la mujer del viejo, los hijos, los criados, todos, todos, le rodean suspensos, temblorosos, mohinos, tristes. Y el viejo prosigue con sus gritos, con sus denuestos, con sus improperios, con sus injurias.

 La hora de cenar ha llegado. Antes ha conversado el anciano con los cachicanes que llegan todas las noches de las heredades cercanas. Todos han de darle cuenta- cuenta menudísima, detallada- de la jornada diaria. No puede acostarse ningún día el viejo sin que sepa, concretamente, en qué se ha gastado el más pequeño dinero y qué es lo que han hecho, minuto por minuto, todos sus servidores. La relación de los labrantines se desliza entreverada por los gritos y denuestos del anciano. Y todos sienten ante él un profundo pavor.

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 El pastor se ha retrasado un poco esta noche. El pastor regresa de los prados próximos al pueblo, todas las noches, poco antes de sentarse a la mesa el anciano. El pastor apacienta una punta de cabras y un hatillo de carneros. Cuando llega, después de la jornada, por la noche, encierra su ganado en una corraliza del huerto y se presenta al amo para dar cuenta de la jornada del día. El anciano, un poco impaciente, se ha sentado a la mesa. Le intriga la tardanza del pastor. La cosa es verdaderamente extraña. A un criado que tarda en traerle una vianda -retraso de un minuto-, el anciano le grita desaforadamente. El criado se desconcierta; un plato cae al suelo; la mujer y los hijos del viejo se muestran despavoridos; sin duda, ante esta catástrofe  –la caída de un plato-, la casa se va a venir abajo con el vociferar colérico, iracundo, tempestuoso, del viejo. Y, en efecto, media hora dura la terrible cólera del anciano. El pastor aparece en la puerta; trae cara de quien va a ser ajusticiado; en mal momento va a dar cuenta de su misión del día.
-¿Ocurre alguna novedad?- pregunta el viejo al pastor
 El pastor tarda un instante en responder; con el sombrero en la mano, mira absorto, indeciso, al señor.
-Ocurrir, como ocurrir- dice al cabo-, no ocurre nada…
-Cuando tú hablas de eso modo es que ha ocurrido algo…
-Ocurrir, como ocurrir… -repite el pastor dando vueltas entre las manos al sombrero.
-¡Sois unos idiotas, mentecatos, estúpidos! ¿No sabéis hablar? ¿No tienes lengua? Habla, habla…
 Y el pastor, trémulo, habla. No ocurre novedad, no ha sucedido nada durante el día. Los carneros y las cabras han pastado, como siempre, en los prados de los alrededores. Los carneros y las cabras siguen perfectamente; han pastado bien; si, han pastado como todos los días… El viejo se impacienta.
-¡Pero, idiota, acabarás de hablar! – grita colérico.
 Y el pastor dice, repite, torna a repetir que no ha ocurrido nada. No ha ocurrido nada; pero en el establo que se halla a la salida del pueblo, junto a la era -establo y era propiedad del señor-, ha visto, cuando regresaba el pastor a casa, una cosa que no había visto antes. Ha visto que dentro del establo había gente.
 El viejo, al escuchar esas palabras, da un salto. No puede contenerse; se levanta, se acerca al pastor y le grita:
-¿Gente en el establo? ¿El establo que está junto a la era? Pero…, pero ¿es que no se respeta ya la propiedad? ¿Es que os habéis propuesto arruinarme todos?
 El establo son cuatro paredillas ruinosas; la puerta -de madera carcomida, desvencijada- puede abrirse con facilidad; una ventanita, abierta en la pared del fondo, da a la era. Ha entrado gente en el establo; se han instalado allí; pasarán allí la noche; tal vez estén viviendo allí desde hace días. Y todo esto en la propiedad, en la sagrada propiedad del viejo. Y sin pedirle a el permiso. Ahora la tormenta de cólera es tan grande, más grande, más estruendosa que antes. Sí, sí; indudablemente todos se han propuesto arruinar al pobre anciano; todos, descuidados, manirrotos, sin parar atención en la hacienda, se han propuesto que este anciano acabe en la pobreza, en la miseria. El caso de ahora es terrible; no se ha visto nunca cosa semejante; nunca ha entrado nadie en una propiedad –casa o tierra – de este viejo señor. Y el viejo señor, ante hecho tan peregrino, estupendo, decide ir él mismo a comprobar el desafuero, a remediarlo, a echar del establo a esos vagabundos.
¿Qué gente era? – le pregunta al pastor
 Pues eran…, pues eran -replica titubeante el pastor- pues era un hombre y una mujer.
¿Un hombre y una mujer? Pues ahora veréis.
 Y el viejo de la larga barba ha cogido su sombrero, ha empuñado el bastón y se ha puesto en camino hacia la era próxima al pueblo.
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 La noche es clara, límpida, diáfana; brillan –como las moneditas de oro antes– las estrellitas en el cielo. Todo está sosegado; el silencio es grato, profundo. El anciano va caminando solo, nerviosamente, vibrando de cólera. Da fuertes golpazos con el callado  en el suelo. La silueta del establo ante la blancura de la era, se percibe a lo lejos, sobre el cielo de un azul oscuro. Ya va llegando el anciano a las paredillas ruinosas. La puerta está cerrada. La mano del viejo pasa y repasa por la luenga barba. No quiere el viejo penetrar de pronto por la puerta. Se detiene un momento, y luego, despacito, se va acercando a la ventanita que da a la era. Se ve dentro un vivo resplandor. El anciano va a aplicar su cara hacia la ventana. Y sus ojuelos vivarachos están cerca del angosto hueco. La mirada del anciano penetra en lo interior. Y, de repente, el viejo lanza un grito, un grito que se esfuerza, un segundo después,  por reprimir. La sorpresa ha paralizado los movimientos del anciano. A la sorpresa sucede la admiración, a la admiración, la estupefacción profunda. Todo el cuerpo del anciano está clavado junto a la pared con sólida inmovilidad. La respiración del viejo es anhelosa. Jamás ha visto el viejo lo que ha visto ahora; esto que el anciano contempla no lo han contemplado, sin duda, nunca ojos humanos. No se aparta la mirada del viejo del interior del establo. Pasan los minutos, pasan las horas insensiblemente. El espectáculo es maravilloso, sorprendente. ¿Cuánto tiempo ha pasado ya? ¿Cómo medir el tiempo ante tan peregrino espectáculo? Tiene la sensación el anciano de que han pasado muchas horas, muchos días, muchos años… El tiempo no es nada al lado de esta maravilla, única en la tierra.

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 Regresaba lentamente, absorto, meditativo, el vio a su casa de la ciudad. Han tardado en abrirle la puerta, y él no ha dicho nada. Dentro de la casa, una criada ha dejado caer la vela cuando iba alumbrándole, y él no ha tenido ni la más leve palabra de reproche. Con la cabeza baja,  reconcentrado, iba andando por los corredores como un fantasma. Su mujer, que le ha recibido en una sala, al hacer un movimiento brusco, ha derribado un mueble; han caído al suelo unas figuritas, y se han roto. El anciano no ha dicho nada. La sorpresa ha paralizado a la esposa del caballero. La sorpresa, el asombro ante la insólita mansedumbre del viejo ha sobrecogido a todos. El anciano, encerrado en un profundo mutismo, se ha sentado en un sillón. Sentado, ha dejado caer la cabeza sobre el pecho, ha estado meditando un largo rato. Le han llamado después –como se llama a un durmiente- , y él, con mansedumbre, con bondad, dócilmente cual un niño, se ha dejado llevar hasta la cama y ha consentido que le fueran desnudando. Y a la mañana siguiente, el viejo ha continuado silencioso, absorto; a unos pobres que han llamado a la puerta les ha entregado un puñado de monedas de plata. De su boca no sale ni la más leve palabra de cólera. La estupefacción es profunda en todos. De un monstruo se ha trocado en un niño el viejo señor. Su mujer, los hijos, están alarmados; no pueden imaginar tal cambio; algo grave debe de ocurrirle al viejo; durante su paseo, por la noche, a la era, al establo, algo ha debido de ocurrirle. Esta mansedumbre de ahora es acaso más terrible que las cóleras de antes; acaso pueda ser nuncio este abatimiento de algún grave mal. Todos miran, observan, examinan al anciano en silencio,  recelosos,  inquietos. No se deciden a interrogarle; él se obstina en su mutismo. Y la mujer, al cabo, dulcemente, con precauciones, interroga al anciano. El coloquio es largo, prolijo; el viejo no accede a revelar su secreto. Y al cabo, tras el mucho porfiar, con dulzura, de la mujer ha puesto, para hablar, para hacer la revelación suprema, sus labios. El asombro se pinta en la cara de la esposa.
¡Tres reyes y un niño! – exclama sin poder contenerse.
 Y el anciano le indica que calle, poniéndose el índice de través en la boca. Sí, sí, la mujer callará. Callará, pero pensará siempre lo que está pensando ahora. No sabe la buena señora qué es peor, si lo de antes – la cólera de antes – o esta locura, sí, locura, de ahora. ¡Tres reyes en un establo y un niño! Evidentemente; durante su paseo nocturno debió de ocurrirle algo al anciano. Poco a poco se difunde por la casa la noticia de que la mujer del anciano conoce el secreto de éste; preguntan los hijos a la madre; la madre se resiste a hablar; al cabo, pegando la boca al oído de la hija, revela el secreto del padre. Y la exclamación no se hace esperar.
- ¡Qué locura! ¡Pobre!
 La servidumbre se entera de que los hijos conocen la causa del mutismo del señor; no se atreven, por lo pronto, a interrogar a los hijos; al cabo, una sirvienta anciana, que lleva en la casa treinta años,  pregunta a la hija.  Y la hija, poniendo sus labios a la par del oído de la anciana, le dice unas palabras.
¡Oh, qué locura! ¡Pobre, pobre señor! – exclama la vieja.
 Poco a poco la noticia se ha ido difundiendo por toda la casa. Sí; el señor está loco; padece una singular locura; todos mueven a un lado la cabeza tristemente, compasivamente, cuando hablan del anciano. ¡Tres reyes y un niño en un establo! ¡Pobre señor!
 Y el viejo de la larga barba, sin impaciencias, sin irritación, sin cóleras, va viendo, en profundo sosiego, cómo pasan los días. A la mansedumbre se junta en su persona la persona la liberalidad. Da de su dinero a los pobres, a los necesitados; tiene palabras dulces para todos, exorables. Y todos en la casa, asombrados, recelosos, entristecidos –sí, entristecidos-, le miran con mirada larga y piadosa. El señor se ha vuelto loco; no puede ser de otra manera. ¡Tres reyes en un establo! La mujer, inquieta, va a buscar a un famoso doctor. Este doctor es un hombre muy sabio; conoce las propiedades de los simples, de las piedras y las plantas. Cuando ha entrado el doctor a la casa le han conducido a presencia del viejo; ha dejado éste hacer al doctor; parecía un niño, un niño dócil y débil. El doctor le ha ido examinando; le interrogaba sobre la vida, sobre sus costumbres, sobre su alimentación. El anciano sonríe con dulzura. Y cuando le ha revelado su secreto al doctor, después de un prolijo interrogatorio, el doctor ha movido la cabeza, asistiendo, como se asiente, para no desazonarlo, a los despropósitos de un loco.
-Sí, sí –decía el doctor-. Sí, sí; es posible. Sí, sí; tres reyes y un niño en un establo.
 Y otra vez tornaba a mover la cabeza. Y cuando se han despedido, en el zaguán, a la mujer del anciano, que le interrogaba ansiosamente, ha dicho:
-Locura pacífica, sí; una locura pacífica. Nada de peligro; ningún cuidado. Loco, sí, pero pacífico.
  Esperemos… 

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 Este soberbio cuento apareció   como historia del mes de diciembre en el Número Almanaque para 1927 de la revista «Blanco y Negro»  (1 de Enero de ese año). Posteriormente fue incluido en la obra «Blanco en azul» (editada en Madrid en 1929 por Biblioteca nueva). La ilustración -que acompaña al relato en su primera aparición y que reproducimos- es de Narciso Méndez Bringas.

 En la segunda versión de esta obra se apostilla un «ningún régimen especial» justo antes del postrer «Esperemos…», palabras que no encontramos en el Blanco y Negro. Más peliaguda es la acotación, en la impresión definitiva, de «En Belén; año primero de la Era Cristiana» que aparece entre el título y el inicio del relato. Esta inclusión, que echa a perder totalmente el sentido y la magia de esta historia no se encuentra en la versión princeps, en la que sólo se indica –precediendo al título- el rótulo «Cuento de Navidad.»

 La ilustración de Méndez Bringa  muestra al viejo ataviado a la usanza cervantina, como de inicios del siglo XVII, pero también con cierto aire de intemporalidad, como si el relato sucediera en algún momento del pasado. No descubrimos nada cuando resaltamos que Azorín gusta de situar sus cuentos en una época y en un mundo rural indeterminado –vagamente castellano- y como cotidiano, en una suerte de moroso estasis. En esta tesis uno recuerda la opinión del propio Azorín sobre Zabaleta: lo esencial es la idea, no la forma ni los colores. Pues bien la idea de este relato es  su dimensión cristiana: la venida al mundo de Jesús –la Navidad- supone la apertura de nuestro corazón a su acción bienhechora. Tal suceso, tal demostración de poder (epifanía) sucede –a cada momento- en cualquier parte del mundo. Y  a cualquier persona. 

sábado, 22 de diciembre de 2018

Campaña «Un libro, una ilusión»



Si recuerdan, el curso pasado iniciamos en el mes de diciembre la campaña de donación de libros infantiles «Un libro, una ilusión» con el fin de repartir el legado conseguido entre los colegios y centros concertados adscritos al Vélez. Ellos, a su vez, se encargarían de regalárselos a los alumnos sin recursos. Concluyamos el resumen de la campaña pasada señalando que en aquella ocasión el monto de ejemplares recogidos superó con creces nuestras expectativas y pudimos cumplir con nuestros objetivos, gracias a la generosidad de los alumnos y profesores y, no menos importante, al compromiso de los colegios y centros adscritos.

   En la campaña presente nos vemos en la obligación de señalar que la cantidad de libros recogida ha sido a lo largo del plazo marcado ha resultado exigua. Con esta afirmación lo único que queremos señalar es que el fallo ha sido nuestro y que hemos cometido un error de cálculo. En el año pasado las personas que cedieron libros fueron extremadamente generosas y literalmente vaciaron sus bibliotecas. Por tanto esta actividad no debería ser anual, sino convocarse cada tres o cuatro años, para que diera tiempo a aglutinar a nuevos donantes. Y es que, por muy rutinarias que pueda parecer el funcionamiento de una biblioteca escolar, lo cierto es que cambia a cada momento, sus actividades se reforman en cada curso y, a veces, hay que recurrir al borrón y cuenta nueva.

 No obstante, y cuando ya dábamos la campaña por perdida, recibimos dos donaciones que nos impresionaron por la cantidad de libros, su calidad y buen estado de conservación y que demostraban la implicación del profesorado y del personal no docente en los retos que desde la biblioteca asumimos.

Estos fondo unidos a algunos libros que han aportado nuestros alumnos han permitido concluir la campaña de forma digna y el pasado día 21 de diciembre la profesora Feli González entregó los libros recogido al CEIP El Valle. Agradecemos a este Centro su colaboración, al enviarnos representantes a recoger los libros y su compromiso, pues son ellos lo que organizarán la entrega a alumnos sin recursos.
En el reconocimiento queremos incluir a los alumnos y profesores y el resto de la plantilla del Vélez cuya generosidad nos ha permitido cumplir con dignidad con los objetivos que nos propusimos. No hay mejor regalo que un libro y no existe mejor forma de comenzar la navidad que repartiendo entre otros la felicidad que conseguiste con su lectura.

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El álbum de fotos en el Facebook del Instituto:


jueves, 20 de diciembre de 2018

Los Días del Alcyon



Un curso más, y ya van tres, los volúmenes de la Biblioteca del Vélez abandonan los anaqueles y con los esforzados trabajos de profesores, alumnos, ex - alumnos y hasta superhéroes, primero sirven de cimientos y luego se alzan evocando torres de babilonias y faros alejandrinos para concluir como pedestal de la esfera armilar. Los libros, hechos al fin de papel, vuelven a formar parte de un árbol. Desde los estantes, o desde el propio monumento, Ovidio, Shakespeare, Tolkien, Ibáñez glosan estas metamorfosis arbóreas, estos bosques que se transforman en alguna otra cosa.

 La finalidad de esta pirámide, de este árbol de la ciencia es señalar las vacaciones de navidad. Y también indicarnos como vivirlas. En estos días que mañana se inician seamos como los anuarios, atlas, enciclopedias… abandonemos la monotonía tras los cristales, juguemos, cambiemos, conquistemos los cielos pero, sobre todo, crezcamos en ligereza.

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La construcción del árbol de la Navidad, paso a paso, mereció un álbum en el Facebook de nuestro Instituto:


domingo, 16 de diciembre de 2018

Exposición «Ernestina de Champourcín, Memoria Viva»






Un año más, la conmemoración del día de la lectura en Andalucía (16 de Diciembre) en nuestro Instituto ha girado en torno a la escritora Ernestina de Champourcín. Esta vez la hemos recordado con la exposición «Ernestina de Champourcín, Memoria Viva» con reproducciones de collages de la artista Maribel Muñoz y con cartelas en las que figuran los versos de Ernestina que los inspiraron. El lugar donde hemos colocado las obras es el pasillo principal, donde pueden admirarse desde el pasado miércoles 12.

 Vaya todo nuestro agradecimiento a la autora de los collages, Maribel Muñoz, no sólo por consentir la reproducción de sus obras, sino por enviarnos las reproducciones de las mismas, los versos a los que hacían referencia y el dossier, o sea, la información necesaria para entender y comentar sus collages. En pocas palabras, menos el montaje, todo el trabajo de la exposición ha sido suyo.


Ernestina de Champourcín Morán de Loredo (1905 – 1999), fue una poeta perteneciente a la Generación del 27 y una de las integrantes del mítico Lyceum Club Femenino. Como otros tantos escritores (y sobre todo escritoras) su compromiso político con la República motivó su exilio tras la guerra civil, primero a Francia y desde finales de 1939 a México. Volvió a nuestro país en 1972.


  Respecto a la exposición la serie de collages, y siguiendo las palabras de Maribel Muñoz, parten de una fotografía de juventud de Ernestina, cuando una mujer supuestamente apocada, correcta y aristocráticamente vestida estaba a punto de descubrir el mundo.

La artista emplea la técnica del collage en su acepción más dadaísta, para romper, transformar y tratar de conversar con la persona que fue Ernestina: alguien que no quiso definirse y encontró placer en mantenerse desdibujada, según sus propias palabras.

Hacemos nuestro el juicio de Maribel Muñoz: Ernestina de Champourcín es memoria viva. Aunque haya sido silenciada y olvidada durante demasiados años, sin mujeres como ella, a ni dudar, nuestra cultura sería mucho más pobres.

En un principio esta serie de collages formaron parte de la exposición Algo Distinto. Posteriormente fueron integrados en una exposición más amplia Mujeres: Corto y Cambio consagrada a dar visibilidad a aquellas mujeres de la generación del 27 que fueron referentes esenciales de la internacionalización de nuestra cultura y que, precisamente por ello, fueron silenciadas durante muchos años.

El que redacta estas líneas tuvo la oportunidad de admirar la exposición en el antiguo Casino de Candelario (Salamanca) este verano y puedo asegurar que por su originalidad y por su compromiso con las autoras que le inspiraron merece la pena verla. Las reproducciones del Vélez, aunque maravillosas, no dan idea del portentoso conjunto que es Mujeres: Corto y Cambio en su integridad y con sus obras originales. Es una pena, que el Barco de Ávila, donde actualmente está instalada, nos pille tan lejos.

La exposición velezguevariana, por tanto, no es sólo una evocación de Ernestina de Champourcín, sino también una muestra del arte desenfadado, misterioso y comprometido de Maribel Muñoz. Concluimos con la semblanza en la que la artista se autorretrata:




«Vine al mundo al amanecer de un día de febrero, en Béjar, Salamanca, hace cincuenta y dos años. Actualmente vivo en Madrid, Soy autodidacta, en continuo aprendizaje. Como collagista he participado en varias exposiciones en Madrid y Salamanca y en algunas publicaciones. Pertenezco al colectivo Mujeres que cortan y pegan, donde se integran a mujeres de todo el mundo que trabajan el collage.

Heredé de mi abuelo materno mi afición por la quietud. Mientras la gente a mi alrededor no paraba de dar vueltas, yo elegí quedarme inmóvil. Aprendía a observar y así, descubrir que entre los periódicos viejos que mi madre usaba para proteger el suelo recién fregado, podía hallarse el mejor de los mundos. Recordaba y juntaba imágenes, mezclaba con distintas tipografías y lo pegaban en un álbum. Entonces, no sabía que, de alguna manera, estaba realizando collages.

Ese gusto por cierto tipo de papeles, el azar o el error, me ha acompañado toda mi vida. Mi trabajo es siempre manual. Concibo el collage como un proceso de búsqueda, como un trabajo matérico: tocar, mancharse, buscar… y con un poco de suerte, hallar. Casi todo mi trabajo procede de una tradición surrealista. En mis collages, suele haber una opinión personal, crítica, que necesito expresar.»

El reportaje de la exposición en el Facebook de nuestro Instituto:

https://www.facebook.com/pg/iesluisvelezdeguevara/photos/?tab=album&album_id=2007755519309791








Latido

Tres palabras tres clavos 
sujetándose el cuerpo; 
tres alas en mi alma 
sosteniéndome el vuelo


Azul Vano

Yo agolparé tinieblas en el limpio sendero
que hollan las verdades.
Plegaré la inconsciencia como una venda inmóvil
sobre tu laxitud


 La caja que guarda todas las rosas

Hay cosas que no son, pero que siguen siendo.
gozo, nostalgia, fronda que nunca hemos plantado,
hermosura secreta que sólo fue latido



Anemic Cinema

Allá, en un quinto piso 
un ajedrez despierto 
junto a una débil llama
de alcohol falsificado


Desafección

Hay manos que triunfan al quedarse vacías
y otras como puños que no conservan nada


 Ejercicio caligráfico

Ha salido vacía
la red de tus palabras
sin lograr conmover
el cáliz de mi alma


Anidar

¡Sólo yo me he quedado
en la brisa enredada!
Sólo yo me he perdido
en un vuelo sin alas


Destierro

Sé que me estás mirando con Tu mar y tu cielo
mientras trabajo, sóla
entre cuatro paredes


Esencia sobre carne viva

Voy a arraigar en ti. Mis fuerzas más oscuras
remueven lentamente la tierra de tu alma


Abundancia

Verde y rojo se alternan.
Y yo hago provisiones
de amor y de esperanza


Exilio I

¿Carta a lo que no existe?
Hay buzones alados
que se disparan solos
y un correo sin pistas
ni trayecto seguro


 Exilio II

Yo no diría ruinas.
Yo diría jardines de piedra multiformes
donde han ido los siglos
floreciendo y amando


SOY

Mírame en ti. Mi efigie verdadera
se esconde en tus pupilas y en la albura
de esa imágen sin cuerpo que perdura
cuando el trazo más nítido se altera


¿Vuelo?

Vuelo corto si voy caminando yo a solas
vuelo largo, tendido, de alcance inalcanzable,
si como tú me dejo despojar de lo mío
y Otro vuela por mí inagotablemente


 Haiku

Tú me quieres así
despojada de todo
sin lo mío y sin ti