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martes, 31 de marzo de 2026

Semana Santa

 


Escogemos un año más a José Bergamín como heraldo de la Semana Santa. Hemos quedado prendados de su su impresionante poema Solo está el sol y solas las estrellas, un retablo sobre la soledad y la muerte en el que el  Crucificado del Gólgota ocupa una hornacina más y no la más importante.

El poema vio la luz en una edición monumental titulada Al Toro y que fue publicado en 1982 en Madrid, por Hispánica de Bibliofilia, teniendo como impresor a Dietrich Mann. El artista José Caballero, amigo del escritor, colaboró con veinte inspirados aguafuertes. Reproducimos el que acompaña al poema. Posteriormente, el poema fue incluido en una de su obras póstumas: La Claridad del Toreo (1985).

Al Toro con sus poemas y sus correspondientes grabados mereció el honor de ser incluido en la sección taurina de la exposición El Campo Andaluz que aunaba las colecciones artísticas del Museo de ABC y de la Caja Rural del Sur. Esta muestra se celebró en el otoño de 2025 en la Galería de Sevilla, el antiguo Convento de los Remedios. Allí es donde conocí esta edición visionaria y este sobrecogedor poema. El resto de las composiciones del libro van parejos con él en  drama, intensidad y fuerza

Solo está el sol y solas las estrellas...


SOLO está el sol y solas las estrellas

y solo su orgulloso firmamento.
Está solo, vacío de sus dioses,

el tenebroso abismo de los cielos.

Sola la luminosa pesadumbre
                            de todo el universo.
Sola la ola en la mar. Solo en el aire
                          el pájaro en su vuelo.


Solo el amor en una sola llama
             ardiendo en el infierno.
Solo Cristo al morir; sola su tumba,
                       blanqueada por dentro.


  Sola su cruz, clavando su agonía

sobre la calavera de Adán muerto.
Y está sola en su llanto Magdalena

como la voz de Dios en el desierto.

Solo el sepulcro con un solo nombre.
Solo tu corazón con su silencio.
Sola la llama muerta en la ceniza.
Solo el toro en el ruedo.

jueves, 10 de abril de 2025

Rincón Cofrade

 


  En este curso hemos retomado la práctica de dedicar un ángulo de nuestra biblioteca a la Semana Santa. Y ha vuelto porque nos lo han solicitado esos alumnos nuestros que pasan todo el año esperando la salida del templo de los titulares de su hermandad.





Cumplir ese deseo no ha sido tarea sencilla, pero contando con su entrega absoluta se han allanado muchas dificultades. Con su ayuda, primero hemos buscado en los trasteros esa maleta digna del equipaje de la Piquer donde guardamos las telas, empresa en la que se nos ha ido un recreo. En el siguiente, la abrimos y buscamos con todo cuidado unas velas y unas faldas (o enagüillas) que no habían visto la luz desde 2018… En otros muchos recreos y en horas que hemos sustraído a la catalogación y la renovación del préstamo, hemos ido seleccionando los libros consagrados a la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y a los Dolores de su Madre Santísima, volúmenes, que, por cierto, son los más imponentes de nuestra biblioteca. Una mano bienhechora, pero desconocida, ha puesto ese imponente telón rojo.





Finalmente hemos procedido al montaje de esa especie de altar o catafalco dedicado a la Semana Santa con los libros que la explican, las imágenes de Jesús y de María en las que combaten la agonía y la esperanza, las representaciones de los nazarenos desfilando… Hasta el dulzón aroma del incienso ha vuelto a hacer acto de presencia, para amalgamarse con el azahar de los naranjos del patio.





No somos una excepción. Toda Andalucía es, en estos días, un teatro febril que se prepara para la más grande de las representaciones. Un drama que se prolongará durante siete días y siete noches. El relato de los última semana del Dios que quiso vivir y morir como verdadero hombre encuentra en esta Tierra de María Santísima –acertado epíteto que debemos al ecijano Benito Más y Prats- el más cumplido de los escenarios. En ninguna otra parte los artífices se esforzaron tanto en plasmar lo real, en hermosear lo efímero, en acercar lo divino a lo humano.



Nuestra reseña sobre la Semana Santa concluye siempre con un inspirado poema. En esta ocasión hemos recurrido a José Bergamín Gutiérrez. En 1937, durante su estadía en París dedicó tres composiciones a Jesús en la Cruz. Extrañamente, estas poesía son contemporáneas del Guernica y del Congreso de los Escritores comprometidos con la República. No se extrañen. Jesús de Nazaret fue invocado en las dos Españas y aquel 1937, perdidas las esperanzas, tenía ya mucho de viernes santo.

Bergamín escribe tres sonetos que los dedica a Cristo Crucificado ante el Mar. El Gólgota nos parece muy alejado del bramido del océano y del estruendo del oleaje, pero en la piedad, sincera, de Bergamín quedó prendida un verso de Don Miguel de Unamuno: Solo, a lo lejos el piadoso mar.

Como queda dicho, fueron tres los sonetos que Bergamín escribió. Reproducimos el primero de ellos.





No te entiendo, Señor, cuando te miro
frente al mar, ante el mar crucificado.
Solos el mar y tú. Tú en cruz anclado,
dando a la mar el último suspiro.
No sé si entiendo lo que más admiro:
que cante el mar estando Dios callado;
que brote el agua, muda, a su costado,
tras el morir, de herida sin respiro.
O el mar o tú me engañan, al mirarte
entre dos soledades, a la espera
de un mar de sed, que es sed de mar perdido.
¿Me engañas tú o el mar, al contemplarte
ancla celeste en tierra marinera,
mortal memoria ante inmortal olvido.

    Acompañamos estos versos con una perturbador óleo del austriaco Ern Stohr. Se exhibe en el Belvedere de Viena. Se titula Sehet, Jesu hat die Hand (Mira, Jesús extiende su mano), título de un aria de la pasión según san Mateo de Johann Sebastian Bach. La fecha de composición del cuadro no puede pasarse por alto: 1914.

jueves, 21 de marzo de 2024

Semana Santa 2024

 


Llegan, al fin, las vacaciones de Semana Santa, y muchos alumnos nuestros la esperan no para descansar sino para participar en esta representación, en este drama. Algunos llevan más de un mes ensayando con sus costales y sus trabajaderas, desde esa igualá que se presenta como el embarque a la Cuaresma. Otros tantos han pasado horas y horas montando el paso primero y adornándolo después, transformando nuestras iglesias en vistosos astilleros, pues no de otra forma que galeones engalanados y listos para zarpar se nos muestran los pasos  el domingo de ramos.

  Es entonces cuando se incorporan a esta pía escuadra la tropa de pertigueros y acólitos. Finalmente se unen al cortejo esas bandas de música en las que milita medio instituto, o eso es lo que parece. Esa Andalucía que lo hace todo a lo grande, que encuentra en la ostentación la razón de existir y que amalgama lo culto y lo popular, a los potentados y a los jornaleros y a devotos y a descreídos, se desborda y  lo llena todo en la semana que ya se avecina.

 Según nuestra costumbre, cerramos este trimestre con la publicación de alguna poesía dedicada a la Pasión de Cristo o a las representaciones de la Semana Santa. La literatura hispana es pródiga en estas composiciones en las que el creyente apreciará el fervor y el libertino no dejará de valorar el sentimiento con los que  fue escrito.

 Sobre el proceso de selección de estas poesías, debemos indicar que cada uno crea su propio parnaso con sus autores preferidos y con el paso de los años consulta cada vez menos las novedades y vuelve, no sin delectación, a estos, a los que considera sus clásicos. Pero si los ha escogido con criterio, comprobará que cada uno es un mundo y que su producción es inabarcable.

Tal es nuestra relación con Aquilino Duque. Hasta hace bien poco desconocíamos su labor como poeta (y de los buenos, no queremos dejar de remarcar). Mucho menos podríamos sospechar que la Semana Santa sevillana ocupa una buena parte de sus versos.

Lo cierto es que ha dedicado inspiradas composiciones a la Macarena, la Amargura, el Cachorro y la Esperanza de Triana.  Allá por 2021, en un coloquio  sobre las cofradías y las letras, se atrevió a declamarlas. Fue entonces cuando confesó que había quedado "deslumbrado desde la infancia" por la Semana Santa. Si bien, precisó, fue, nada menos, que Joaquín Romero Murube  el que lo inició en el ambiente cofradiero. Aquella entrada sucedió una noche en San Juan de la Palma entre versos del Poema de la Saeta, de Federico García Lorca. Y tras esta revelación añadió lo siguiente:  "Nunca he sido cofrade y sólo soy hermano de la Virgen del Puerto de Zufre".

El Poema “El Cachorro en el Puente” es su obra más conocida. En el mundo cofrade más que conocida es “mítica”. Pocas composiciones poéticas han calado tanto entre esa gente que suponemos ignorante e iletrada. Se supone que Aquilino la escribió en 1958, aunque esa es la fecha de impresión del libro en el que figura, el poemario la Calle de la Luna.

El cachorro en el puente

Esta noche, Manuel, tú sobre el puente,

tú sobre el río, prometiendo abrazos

que nunca habrás de dar porque no puedes,

porque un madero y unos clavos dicen

que nadie es libre de morir su muerte.

Esta noche, Manuel, tú sobre el río.

Quién te puso corona de saetas,

Cachorro de Sevilla...

Quién pudo hacerte interminable el tránsito...

Hoy no se pasa: aquí muere Sevilla

mientras tu silueta va en el río

caminando otra vez sobre las aguas...

Y ya tu pelo, nebulosa trágica,

río de miel lentísimo,

va velando la muerte que te vela.

Trono moreno de Judea, pasa.

Pasa, Manuel, tuyo es el Viernes Santo,

tuyos son estos ojos que te lloran,

esta voz que te canta,

esta espuma de estrellas andaluzas.

Sigue pasando, alzado y ofrecido.

Esta noche, Manuel, tú sobre el puente.

Quién te trajo hasta mí, quién levantaba

tu belleza, tu cuerpo como un río,

lanza de luz nocturna en el costado...

Quién pudo hacer que el último suspiro

de tus labios se dé a cada momento,

desde no sé qué siglos hasta ahora,

hasta ahora, para ir diciendo al mundo,

para ir diciendo al tiempo: Así se muere.

 

Así mueren los Hombres.


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 Los alumnos son Daniel Jiménez del 1.º del SMR, Ainara Blázquez del 3.º de ESO “B” y Diego Beret del 1.º del ESO “B”,

 

La fotografía la hemos encontrado en la plataforma flickr. Su autor es José RL y su título es El Cachorro por el Puente de Triana.

 

https://www.flickr.com/photos/joserl/16841470648/in/photolist-rEdWtA

jueves, 30 de marzo de 2023

Una Cruz Sencilla por León Felipe

                                       

León Felipe (1884-1968), poeta zamorano, republicano, muerto en el exilio de México, no es un poeta «religioso» al uso, si bien algunos de sus poemas dejan entrever la fe cristiana que aprendió en su infancia y que nunca olvidó. Según cuentan, encima del lecho de su muerte había una cruz sencilla, de madera, y el poema que él mismo había escrito. Los dos astiles (vertical y horizontal) son, para el poeta, los dos mandamientos; entendemos nosotros que son el amor a Dios y el amor al prójimo.


Hazme una cruz sencilla carpintero,

sin añadidos ni ornamentos,

que se vean desnudos los maderos,

desnudos y decididamente rectos.

Los brazos en abrazo hacia la tierra,

el astil disparándose a los cielos.

Que no haya un solo adorno que distraiga

este gesto, este elemento humano

de los dos mandamientos.

Sencilla, sencilla, más sencilla,

hazme una cruz sencilla carpintero.

 

Como ilustración hemos escogido el lienzo Cruz al atardecer (Cross at Sunset) que el estadounidense Thomas Cole pintó allá por 1848 y que hoy se exhibe en el madrileño Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.


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 El texto de la poesía y la introducción proceden de la siguiente página:

 

https://bibliaviva.sanpablo.es/cuatro-poemas-a-jesus-crucificado-en-lengua-espanola/


La ilustración presenta la siguiente procedencia:

 

https://www.museothyssen.org/en/collection/artists/cole-thomas/cross-sunset


jueves, 7 de abril de 2022

La Cruz (Oda de Gertrudis Gómez de Avellaneda).

 


              LA CRUZ

¡Canto la Cruz! ¡que se despierte el mundo!

¡Pueblos y Reyes, escuchadme atentos!

¡Que calle el universo á mis acentos

                   Con silencio profundo!

¡Y tú, supremo autor de la armonía,

Que das sonido al mar, al viento, al ave,

Presta viril vigor á la voz mia,

Y en torrentes de austera poesía

El poder de tu Cruz deja que alabe!

 

¡Tiembla la tierra, se conmueve el cielo

De este nombre al lanzar eco infinito,

Que aterroriza al inmortal precito

                 En su mansión de duelo!

¡Canto la Cruz! el ángel de rodillas

Postra a tal voz la inmaculada frente;

Tú, escelso querubín, tu ciencia humillas,

Y del amor las altas maravillas

Absorto adora el serafín ardiente!

 

¡Alzad, alzad vuestro pendón de gloria,

Oh de la fé sublimes campeones!

¡Alzadlo y á su sombra las naciones

                Cantarán su victoria!

 

¡Alzadlo, que el clamor no le amedrenta

Que exhalen de impiedad negros vestiglos...!

¡Sangre de un Dios por púrpura presenta,

Y por sagrado pedestal se asienta

En la cerviz de diez y nueve siglos!

 

¡Alzadlo vencedor! esa es la enseña

Ante la cual temblaron las montañas,

La tumba abrió sus lóbregas entrañas,

                           Se quebrantó la peña!

Viéndola el sol, del Gólgota en la cumbre,

Lecho de muerte al hijo del Eterno,

Veló asombrado la radiante lumbre;

Y al ver cesar la antigua servidumbre

De la culpa de Adán, rugió el infierno.

 

¡Alzad, alzad vuestro estandarte regio,

A cuyo aspecto hundiéronse al abismo

Los dioses del antiguo paganismo,

                   Desde su Olimpo egregio!

¡Alzadlo cual lo alzó resplandeciente,

Como emblema de triunfo Constantino

Sobre el cesáreo lauro de su frente,

Las águilas de Roma armipotente

Párias rindiendo al lábaro divino!

 

¡Alzadlo cual lo vio, firme, constante,

Más fuerte que las haces de los Reyes,

Entre escombros de pueblos y de leyes,

                             El bárbaro triunfante!

¡Holló de sus bridones con las plantas

El esplendor de Europa, envejecido

Con tantas lides, con hazañas tantas...!

¡Mas de esa Cruz ante las aras santas

El ruego al vencedor dictó el vencido!

 

¡Alzadlo cual se alzó, piadoso y bello,

A ennoblecer bajo su blando yugo

El que al destino descargar le plugo

                     De América en el cuello.

Dio un paso el tiempo, y a su influjo vário,

Que tan pronto derroca como encumbra,

No es ya de un mundo el otro tributario...

Mas inmutable al signo del Calvario

El sol del Inca y del Azteca alumbra!

 

¡Alzadlo, que su apoyo necesita

La vacilante humanidad! ¿Do quiera

No la veis, a la vez medrosa y fiera,

                    Cuán incierta se agita?

Su audaz anhelo á  su flaqueza espanta,

Y arrastrada por vértigo profundo,

En convulsiones su vigor quebranta,

Hoy derrocando lo que ayer levanta

E inútilmente estremeciendo al mundo.

 

¡Alzad la Cruz, que el porvenir encierra

De esa infinita multitud! ¡sus brazos,

Que solo brindan fraternales lazos,

                       Afirmarán la tierra!

¡Alzad la Cruz que de la especie humana

Vincula los destinos en su nombre!

¡Alzad la Cruz de donde el bien emana,

Y do se ostenta en acta soberana

La verdadera libertad del hombre!

 

Aunque entre sangre se presenta adusta,

La paz sustenta y al amor anida;

Instrumento de muerte engendra vida,

                     Y es luz su sombra augusta.

Dique opone al poder y lo afianza;

El debil se hace fuerte de ella armado;

Por ella sola la igualdad se alcanza,

Que de sus brazos la eternal balanza

Pesa á la par el cetro y el cayado.

 

Allí también la soberana diestra

Pesó el valor del mundo... ¡Oh maravilla

Que si del hombre la razón humilla,

                          Su dignidad demuestra!

[¡] Sí! pesó al mundo la eternal justicia;

Pesólo por romper el que lo abate

Yugo cruel, de la infernal malicia,

Y en él tan grande amor cargó propicia

Que una vida inmortal fué su rescate!

 

                            * * *

 

  ¡Por eso en los ásperos brazos

Del leño sagrado se ostentan,

Las manos que al orbe sustentan,

Las manos que rigen al sol!

    ¡Por eso en gemidos se ahoga

La voz que á la nada fecunda,

Velada por sombra profunda

La luz de la gloria de Dios!

 

    ¡Tu espiras, oh autor de la vida!

La muerte contigo se ensaña...

¡Mas rota quedó la guadaña

Al darte su golpe cruel!

    Subiendo a tu trono sangriento

Su trono funesto derrumbas...

¡Los muertos, dejando sus tumbas,

Recogen tu aliento postrer!

   

 El Rey de la tierrra probando

Del fruto del árbol de ciencia,

La muerte nos dió por herencia,

Y esclavos nos hizo del mal.

    [¡] El Rey de los cielos, cual fruto

Del árbol de amor, nos convida:

La patria nos vuelve y la vida,

Por padre al Eterno nos da!

 

    ¡Florece, árbol santo, que el astro

De eterna verdad te ilumina,

Y el riego de gracia divina

 Fomenta tu inmensa raiz!

    ¡Florece, tus ramas estiende

La estirpe de Adán fatigada

Repose, á tu sombra sagrada,

Del uno al opuesto confín!

 

   ¡Te acaten pasando los siglos,

Y tu los presidas inmoble,

Y toda rodilla se doble

En faz de tu eterno vigor!

    El cielo, la tierra, el abismo,

Se inclinen si suena tu nombre

¡Tú ostentas á Dios hecho hombre!

¡Tú elevas el hombre hasta Dios!

 

Gertrudis Gómez de Avellaneda, abril de 1849.


Sobre la composición de este canto y las impresiones que suscitó su primera declamación, contamos con este testimonio redactado por la propia autora:

«La Cruz fue concebida por mí para ser leída en la sesión religiosa extraordinaria que se celebró en el Liceo Artístico y Literario de Madrid, en la noche del 3 de abril de 1849 [Martes Santo]. El público asistente, electrizado por la fuerza interpretativa que puse en aquella lectura, y a pesar del recogimiento por la Semana Santa, me ofreció la mayor ovación jamás escuchada en el famoso recinto madrileño... Algún que otro poeta presente en aquel salón, se dejó los guantes de tanto aplaudir. La prensa al día siguiente se hacía eco de la noticia, el poema me elevó, entonces, a la cúspide del parnaso español.»

Fue incluida en la obra Poesías de la excelentísima señora D. ª Gertrudis Gómez de Avellaneda y Sabater. Imprenta Delgrás Hermanos, Madrid, 1850. Posteriormente fue traducida al inglés en Nueva York.

Nota: «tierrra» es errata segura por «tierra».

jueves, 11 de abril de 2019

Un Soneto para Semana Santa



SONETO

Sueños que se han hecho esperar
Alegrías que no sé describir
Emociones que me hacen vivir
Tiempo que se ha hecho de rogar.

Impaciencia que no puedo controlar
Yo necesito volver a sentir
Pues escucha lo que voy a decir
Porque a mí la pasión me hace soñar.

Pues es lo que provoca la cuaresma
Que nuestra ciudad o pueblo canta
Con la meta de preparar nuestra alma.

Cuando escuches las campanas ¡levanta!
Atento, por una puerta asoma una palma
Pues ya comienza la Semana Santa.

                                                                                       Rafa Ruiz Sánchez 

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El alumno Rafael Ruiz Sánchez de segundo de bachillerato ha tenido la gentileza de componer este soneto para el presente blog. La ilustración que lo acompaña es obra del ilustrador Emilio Ferrer y Espel. Lo realizó para la Revista Blanco y Negro, concretamente el número 2.030, publicado el domingo 13 de abril de 1930.