miércoles, 1 de enero de 2020

Vacaciones de Navidad





Al llegar la medianoche
y romper en llanto el Niño
las cien bestias despertaron
y el establo se hizo vivo…

y se fueron acercando,
y alargaron hasta el Niño
los cien cuellos, anhelantes
como un bosque sacudido.

Bajó un buey su aliento al rostro
y se lo exhaló sin ruido,
y sus ojos fueron tiernos
como llenos de rocío…

Una oveja lo frotaba,
contra su vellón suavísimo,
y las manos le lamían,
en cuclillas, dos cabritos…

Las paredes del establo
se cubrieron sin sentirlo
de faisanes y de ocas
y de gallos y de mirlos.

Los faisanes descendieron
y pasaban sobre el Niño
su ancha cola de colores;
y las ocas de anchos picos

arreglábanle las pajas;
y el enjambre de los mirlos
era un vuelo palpitante
sobre del recién nacido…

Y la Virgen entre el bosque
de los cuernos, sin sentido,
agitada iba y veía
sin poder tomar al Niño.

Y José sonriendo iba
acercándose en su auxilio…
¡Y era como un bosque todo
el establo conmovido!

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Con los últimos días escolares del 2019 ocupados por nuestras jornadas del Cómic, nos ha parecido lo más lógico escoger para nuestra felicitación navideña una viñeta. El autor es Albert Uderzo quien la insertó en el álbum La Odisea de Astérix. Historiadores y arqueólogos no podrán reprochar al guionista-dibujante ningún atisbo de anacronismo, pues ese establo mencionado en los Evangelios bien pudo estar construido en el 50 antes de Cristo. De todas formas es una viñeta inspirada y hermosa, un homenaje avant la lettre al cristianismo al estilo de la cuarta égloga de Virgilio y en el que parece resonar ese Maestro, que bien se está aquí de la Transfiguración (Mateo: XVII, 4).

La Odisea de Astérix se publicó originalmente en 1981, remontándose la publicación española al mismo año. Como primicia, el Semanal de EL PAÍS la fue publicando por entregas y, si la memoria no me falla, en esta misma viñeta, las palabras del falso druida eran Ya me enteraré mañana. La edición a la que nosotros hemos recurrido es la de Salvat de 2001.

El poema es el «Romance del establo de Belén», de la chilena Gabriela Mistral (1889- 1957), Premio Nobel de Literatura en 194 perteneciente a su poemario Ternura editado en 1924. Lo hemos encontrado en Ínsula Barañaria, Blog de literatura de Carlos Mata Induraín.


 Ciertamente nos hallamos ante una de las hermosas poesías de la lengua castellana dedicadas al Nacimiento de Jesús. La autora narra el momento con sublime sencillez, con infantil reverencia, si se nos permite el oxímoron. La enumeración de especies parece inspirarse en los relatos de la Creación, en los del Diluvio, en la canción de San Antonio, pero no tarda en convertirse en un formidable himno panteísta.

Según el docto profesor Mata Induraín, el texto procede de Nos vino un Niño del cielo. Poesía navideña latinoamericana del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, EDIBESA, 2000, pp. 216-217. Existe otra versión, con ligeras variantes, bajo el título «El establo»; ver, por ejemplo, Gabriela Mistral, Ternura, 6.ª ed., Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2004, pp. 53-54.

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