
Desperté del sueño, y la única verdad para mí en ese momento fue el recuerdo que sacudió mis entrañas: quizás fuera el frío de la soledad bajo mis sábanas, o el volver a pensar que las yemas de tus dedos y mis escalofríos iban siempre juntos, lo que me hizo recordar tu cuerpo junto al mío. Sólo bastó un segundo más para comprender por qué la verdad es tan subjetiva.
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